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¿Grada Rommel?

Por @juanjo_ramos

Rommel Fernández fue, probablemente, mi segundo ídolo después de Agustín Lasaosa. Tenía solo 10 años cuando vi volar al panameño para cabecear a la red sus primeros goles como blanquiazul. La primera camiseta del Tenerife que tuve llevaba el 7. Por Rommel, la segunda ya lucía el 9.

Entendí que se fuera al Valencia y, por agradecimiento a lo que hizo por su “islita”, no fui de los muchos que le llamaron traidor por marcharse o de los que le pitaron al volver al Heliodoro con la camiseta del equipo che en la Copa del Rey (noviembre de 1991).

Creo firmemente que se ganó con justicia la consideración de ídolo con sus goles (séptimo en la historia blanquiazul), aunque su trayectoria no fuera larga (es el 57 en número de partidos con 149) y acepto, porque el cariño no se mide en números, que haya gente que proponga su nombre para una grada del Estadio. Suena bien: Grada Rommel. Encima, la más humilde en cuanto a precios ¿Pero es una decisión meditada?

Me pregunto hasta qué punto no estamos siendo injustos con otros históricos. Porque Molina, el jugador que más veces vistió la camiseta del Tenerife en partido oficial (413), estuvo 13 temporadas en el club, fue capitán y arrastraba una lesión de rodilla que no le impedía jugar cada semana. Aunque fuera infiltrado. Porque también está Julito, el máximo goleador histórico en categorías nacionales, que participó en el primer ascenso a Segunda (52/53) y el primer ascenso a Primera (60/61).

No me olvido de Justo Gilberto y sus casi 300 partidos como jugador blanquiazul. Luego fue segundo entrenador en dos ascensos (con Martín Marrero y Benito Joanet en las temporadas 86/87 y 88/89). Ni de Antonio (12 temporadas en el club y 164 goles, aunque la mitad fueran en categorías regionales, y vital en el ascenso de 1953). Tampoco de Villar, con 256 partidos en categoría nacional y presencia en los ascensos de 1953 y 1961. Entrenador interino hasta en tres ocasiones y una década como segundo. Tres veces se sentó en el banquillo David Amaral también, que antes había sido jugador (284 partidos y tres ascensos).

Valen ejemplos más recientes como el del capitán de la primera presencia en la Copa de la UEFA, Toño Hernández, que militó 13 temporadas en el Tenerife y jugó casi 400 partidos. También tiene tres ascensos en su haber. O el capitán de la segunda UEFA (Felipe), con 357 partidos como blanquiazul en diez campañas a sus espaldas. Luego fue técnico y hasta director deportivo. Si acercamos aún más el foco, encontraremos al capitán del último ascenso (Cristo Marrero) o a Nino, máximo goleador durante sus cuatro temporadas en la Isla (cuarto histórico tras Julito, Pizzi y Antonio) y estrella del ascenso de 2009.

Todos ellos, y seguro que algunos que me dejo, reúnen más méritos deportivos que el malogrado panameño.

Si yo fuera Carlos Alonso no llevaría el asunto al pleno del Cabildo sin haber encargado un estudio a los que más saben de la historia del CD Tenerife (Juan Galarza y Luis Padilla). Y no tomaría una decisión que será ya permanente, basándome únicamente en la loable iniciativa de un grupo de aficionados que quieren y admiran a Rommel. Sé que el presidente de la Corporación Insular es una persona seria y no sería justo que alguien le acusara de populista por decidir de forma noble, pero precipitada.

Rommel merece un homenaje. Pero hay muchos otros que lo merecen tanto o más que él. No cometamos una injusticia con ellos. Seamos justos con Rommel y con todos. Seamos fieles a la historia del CD Tenerife. Hay otras opciones.