por @juanjo_ramos
En la lluviosa noche del 21 de diciembre de 2019, Juan Carlos Castañeda y un servidor nos sentamos en un bar situado enfrente de Riazor. Eran casi las doce de la noche en La Coruña y, aunque sin mucha hambre, nos sentamos a cenar después del batacazo que había supuesto el 2-1 ante el Deportivo.
Acabada la transmisión para la Cadena Cope, me puse a terminar las páginas de El Día. Quería encontrar un título que representara aquel momento y se me ocurrió uno contundente, pero tremendamente descriptivo de la situación: “Candidato serio al descenso a Segunda B”.
Aquel Tenerife era incapaz de enlazar tres pases seguidos, era poroso en defensa, carecía de intensidad y de alma competitiva. Uno de sus jugadores, fuera de la convocatoria aquella noche, había subido una imagen suya en un avión a su cuenta de Instagram horas antes: “Vacaciones”, decía. Ni implicación ni nivel competitivo.
La campaña de acoso y derribo al presidente Miguel Concepción alcanzaba entonces su momento álgido con la presencia constante en los medios de José Miguel Garrido y Corviniano Clavijo. ¿Se acuerdan de ellos? Todo era triste y sombrío en el horizonte del Tenerife.
Sin querer, aquella noche Juan Carlos y yo recordamos los dos años en Segunda B. Coruxo, Montañeros o Guijuelo fueron algunos nombres que se posaron en la mesa. El fútbol por la mañana, los campos pequeños, los rivales haciéndose fotos en el Heliodoro, el cara o cruz del playoff…
Nos fuimos de vacaciones navideñas con el peor de los miedos blanquiazules metido en el cuerpo. Nos volvimos a ver en el Tenerife-Albacete del 4 de enero, el del #gradasvacías, y con una mirada en la previa volvimos a aquella conversación coruñesa. Pero el equipo ganó. Y volvió a ganar. Una y otra vez durante el mes de enero con la única mácula de la visita al hoy Primera División Huesca.
Ilusionó en la Copa, se redujo el ruido de sables al albor de los resultados, se recuperó en la Liga y se alejó del descenso. Poco importaban entonces los planteamientos conservadores de Baraja, sus inventos o la brillantez del juego del equipo. Esas preocupaciones llegaron luego, con la permanencia virtualmente conseguida y el sueño del playoff activado.
El síndrome del nuevo rico nos ha hecho reabrir el debate sobre las formas cuando en aquella noche coruñesa algunos solo nos repetíamos que teníamos que “salvarnos como fuera”. Yo no me olvido. Estos jugadores, con este entrenador al frente, nos han salvado. Por eso, antes de pensar en el futuro proyecto, permítanme esbozar un gigantesco GRACIAS.