¡A-ra-go-neseeeees! Desconozco cuántas veces habré dicho así su nombre justo después de narrar en la radio un disparo del equipo rival. Paradas espectaculares, despejes, seguridad pura en los balones aéreos. Así ha sido durante 267 partidos el portero que este jueves se ha despedido del CD Tenerife.
Sergio Aragoneses no es el ejemplo ideal que yo pondría como profesional del fútbol. Ha tenido sus lunares, sobre todo fuera del terreno de juego. Su comportamiento no ha sido perfecto y, en no pocas ocasiones, dentro y fuera del club hemos tenido que recurrir al mítico: “déjalo, que él es así, pero no es mala gente”. Y aunque puede que le hayamos disculpado en exceso, no es menos cierta la parte final. El gallego, que nunca fue un prodigio de simpatía, no es mala gente. Lo demuestra un hecho simple: él mismo, en privado, reconoce que le ha faltado cabeza para llegar aún más lejos, para ser ese ejemplo que no ha sido del todo.
Quizás porque la vida, como escribió Beatriz Palmero el pasado martes en esta misma web, le ha dado golpes duros. Y él ha sabido sobreponerse y salir adelante. Por eso, espero que vuelva a enfundarse los guantes en otro equipo y aproveche un nuevo tren (el penúltimo) para disfrutar con lo que le ha dado de comer durante tantos años.
Es curioso como, sin tener esa gran relación de confianza, sus nudos en la garganta durante la rueda de prensa de despedida fueron casi los míos. Y sí, por la cabeza se me pasaba alguna de las que había liado en estos años, pero también que hasta noviembre nunca tuve dudas: si Sergio estaba, debía jugar Sergio. Por algo sería.
Nunca se lo dije por esa distancia prudencial que entiendo debemos mantener periodista y jugadores, pero he admirado y admiro a Sergio Aragoneses. Por salir de los malos momentos y por tantos y tantos buenos partidos defendiendo los colores del CD Tenerife. Su salida, más que lógica desde el punto de vista de la entidad porque ya no contaba para Álvaro Cervera, es el momento ideal para hacer balance. Y en el mío, pesan más las luces que las sombras, las alegrías que los enfados, los éxitos que los fracasos.
Estamos, posiblemente, ante la salida del mejor portero blanquiazul en las últimas dos décadas y, ante el que mayor número de partidos ha jugado en el equipo tinerfeño. Sus estadísticas merecen un respeto. Su participación en tres ascensos, un bonito recuerdo.
¡Gracias Sergio!