Por @beatrizpalmero
Dice el refranero popular, que hasta el fútbol llega, que goles son amores y no buenas razones, y pocas verdades hay en el fútbol más ciertas que esa. De poco importan los argumentos, el juego, las sensaciones, si no hay goles. Con goles que dan victorias todo lo demás se olvida.
Y se da la circunstancia de que en el Tenerife ni goles, ni victorias. Apenas cuatro tantos en los últimos siete encuentros que han servido sólo para arañar un triste punto en casa y quedar apeados de la Copa. Y, con estos números, no sólo no atendemos a razones, sino que vemos motivos para preocuparnos con el equipo, otra vez, en puestos de descenso. Sólo un equipo tiene en su haber peores números realizadores, el Alcorcón, que anda penúltimo en la tabla y ya ha cambiado de entrenador. Además, según apuntaba esta semana Juanjo Ramos en El Día, hay que irse 44 años atrás para encontrar un inicio liguero con tan malos números anotadores.
Sinceramente, creo que hay mejor plantilla que en los últimos años para competir en Segunda División, con más variedad por puesto y más recursos. Y, si bien es cierto que la marcha de Nano hizo daño en este aspecto, no lo es menos que el resto de la plantilla no está aportando en la faceta goleadora lo que se espera de ellos, empezando por Choco Lozano. El año pasado arrastró una lesión toda la temporada y aún así, y contando con sus ausencias internacionales, firmó diez goles que deberían estar cerca de duplicarse esta temporada, pero aún no hemos visto, ni de lejos, la mejor versión del hondureño, que a estas alturas, ya había marcado tres la pasada campaña. Jouini ha tomado el testigo y lleva dos dianas, pese a su tardía incorporación, y sus pocos minutos. De hecho, ha marcado un tanto por cada media hora jugada. Parece que le favorece jugar por delante de Choco, que ya ha manifestado más de una vez sentirse más cómodo jugando por detrás. Suso, con un gol, está en su promedio, pero aún esperamos el estreno de Aarón Ñíguez o de Amath, que sólo se ha estrenado de rebote, y al que, pese a su velocidad, le falta en ocasiones algo de criterio en los últimos metros.
Sinceramente, he visto ratos muy buenos de fútbol del equipo, pero, hasta en partidos en los que se ha mostrado superior, como en el Carlos Tartiere, la falta de gol le ha lastrado. La falta de resultados, además, hace mella en la confianza del equipo más inseguro a medida que pasan las jornadas y, por tanto, más impreciso, más proclive a fallar, menos ilusionante.
La rueda de todos los años. Si le unimos el ambiente tan poco propicio que hay desde hace unas cuantas temporadas en esta isla, mucho me temo que habrá problemas. Hasta que aparezcan los goles. Yo sigo pensando que en cuanto el Tenerife abra la lata, llegarán todos seguidos. Y nos enamore entonces, a base de goles, porque, ¿qué es el fútbol sin ellos? Puro aburrimiento.