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Ni conmigo ni contra mí

Por @josefelipem

El pasado fin de semana Jon Aurtenetxe no pudo jugar frente al Bilbao Athletic. El motivo era sencillo: al ser un cedido por la propia entidad vasca, ésta no quería arriesgarse a verlo jugar frente a su filial no fuera a resultar decisivo. En este caso quizás es más sencillo de entender al tratarse de un filial, pero, ¿qué lleva a un equipo a dar en préstamos a un jugador para luego no querer que se mida a él?

Hay muchos motivos para poder ceder a un futbolista a otro club pero, obviamente, si eso sucede, es que no lo consideras importante para tu propio equipo, lo que no deja de ser una contradicción, pero, quizás entendiendo el origen de la conocida como Cláusula del Miedo. Se entienda bastante mejor todo.

Cuando el Real Madrid comenzó con su política de fichar galácticos se encontró con un problema: tenía demasiados jugadores en su plantilla. Para poder aligerar la misma, debido a que muchos de esos jugadores no querían abandonar la entidad, optó por sacarlos a préstamo, siendo uno de las entidades que contaba con más jugadores cedidos de toda Europa. Esos jugadores, como suele ser habitual, se mostraban muy motivados al medirse a su ex equipo, como sucedió con Pedro Munitis.

El pequeño, talentoso y competitivo, delantero cántabro había destacado con el Racing de Santander en la temporada 99/00, anotando 7 goles y siendo pieza clave en el conjunto montañés. El Real Madrid decidió ficharlo, pero después de dos temporadas sin casi oportunidades salió cedido nuevamente al Racing. En el curso 02/03 marcaría 8 tantos, uno de ellos a los blancos, que celebró de manera eufórica, quitándose la camiseta. Quizás las palabras de Vicente del Bosque, entonces entrenador madridista, en la previa, diciendo que, en caso de ser él, no jugaría contra el club al que pertenecía, encendieron al ariete.

Pero no sería el único. Otro cedido madridista, Samuel Eto’o, le tomó la medida a los blancos jugando con el Mallorca, equipo con el que hizo un total de cinco goles al cuadro de la capital de España, uno de ellos en el histórico 1-5 que los baleares ganaron en el Bernabéu, o dos en una eliminatoria de Copa jugada en Son Moix que acabó 4-0. Para colmo de males, cada vez que el camerunés marcaba al Madrid se giraba al palco buscando al presidente madridista, haciendo gestos acerca de la decisión de no contar con él.

El caso que de verdad acabó por mortificar al Real Madrid sería más tarde. En la campaña 2003/2004, un sorprendente Mónaco llegaría a las semifinales de la Champions League junto a Oporto, Deportivo de La  Coruña y Real Madrid. A los blancos les tocaría en suerte el cuadro monegasco, que se presentaba como una víctima propicia. Los españoles ganarían 4-2 en la ida, con un tanto al final del partido de Fernando Morientes, jugador cedido por el Madrid, que parecía solo maquillar el resultado. Pero la vuelta, en el estadio Louis II pasaría a la historia negra del equipo madrileño. Morientes marcaría uno de los 3 goles del Mónaco una tarde en la que todo pintaba perfecto tras el 0-1 de Raúl. El Real Madrid quedaba eliminado y, otra vez, un jugador de su propiedad resultaba decisivo.

A partir de ese momento el Madrid, y el resto de clubes, comenzaron a poner una cláusula en la que la única posibilidad de que un cedido juegue contra el equipo que tiene la propiedad de sus derechos es pagando una ingente cantidad de dinero que, por otro lado, nadie paga y que pasa por ser una de las batallas de las asociaciones de futbolistas que no terminan de entender que un jugador no pueda ejercer su trabajo más teniendo en cuenta que el equipo de procedencia no quiere contar con sus servicios.