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El portero que nunca jugaba

Por @josefelipem

En los tiempos actuales está de moda jugar con dos porteros a lo largo de la temporada. El mejor, o el que el entrenador decide que tiene que ser el titular, juega los partidos de liga, mientras que el suplente, en muchas ocasiones, ha lo propio con los de Copa y, si el club juega competición europea, también en esos, pero no siempre ha sido así. Ya hemos hablado de Monchi, ahora estrella del fútbol desde su condición de director deportivo de referencia, pero antes, hace años, hubo uno que tuvo que vivir a la sombra de dos mitos.

Esperar a quitarle el puesto a Tommy N’Kono y Andoni Zubizarreta no parece demasiado esperanzador, pero eso fue lo que le ocurrió a Carlos Meléndez, portero que destacaba también por su poblado bigote, que lo acompañó a lo largo de toda su carrera. Meléndez nació en Bilbao, el 26 de enero de 1957, y formó parte de las categorías inferiores del Athletic Club. En la entidad vasca estaría desde 1979 a 1986, encontrándose con Andoni Zubizarreta en uno de sus mejores momentos de su carrera. El caso es que Javier Clemente había insistido en tener a Meléndez en el equipo, pero, por lo visto, no para que jugara. El portero, en siete años con los rojiblancos, jugó 12 encuentros, solo seis de ellos en Primera División.

No había sido fácil, porque Meléndez llegó al Athletic justo tras la retirada de Iríbar. Peio Aguirreoa, que fuera jugador del CD Tenerife, tomaría el relevo, hasta que, tras no acabar de cuajar, Carlos conseguiría hacerse con el puesto de titular que, como hemos dicho, le duró solo seis partidos.

Obviamente, con aquel bagaje, la mejor opción era dejar San Mamés, algo que nuestro protagonista hizo en 1986 para poner rumbo a la Carretera de Sarriá. El Español parecía un buen club para poder tener minutos…si no fuera porque allí estaba N’Kono, uno de los jugadores más importantes en la historia de los periquitos. Meléndez pasaría otros seis años vistiendo de blanquiazul, aunque no jugando. Durante todos esos años jugó solo cinco encuentros ligueros, pero lo más paradójico de todo es que la persona encargada de llevárselo al Español fue, otra vez, Javier Clemente, que cuando no estaba N’Kono disponible optaba por alinear a otro vasco como Vicente Biurrun.

Su momento de gloria lo viviría en el curso 86/87, durante la recordada Copa de la UEFA que el Español perdió en la final ante el Bayer Leverkusen. Meléndez hizo buenos partidos ante el Vitkovice y el Brujas. Además, con el descenso de los blanquiazules a Segunda, Meléndez fue el héroe de una promoción ante el Málaga. Meléndez paró el penalti decisivo a pesar de haber jugado buena parte del encuentro con una costilla fisurada y un dedo de su mano derecha roto.

Curiosamente, fundamentalmente por esos dos aspectos, Carlos Meléndez, el eterno suplente, es todo un ídolo para la afición periquita.