Por @JoseFelipem | A Hristo Stoichkov le ponías flequillo, le quitabas calidad y le dabas un pasaporte rumano y te salía Lacatus. En el histórico Steaua que le ganó la Copa de Europa al FC Barcelona en Sevilla, en 1986, un jugador sobresalía por su verticalidad. Su talento era solo comparebla al de su hermana, reconocia pianista del país de los Cárpatos. Marius Lacatus fue el encargado de anotar el primer tanto de una de las tandas de penaltis más recordadas del fútbol europeo porque consiguió darle el título continental contra todo pronóstico a un club de la Europa del Este ante el todopoderoso conjunto barcelonés.
Más tarde, su buen hacer en el Mundial de Italia 90 le permitió jugar en la Fiorentina, donde no pasó de ser un jugador de apariciones esporádicas. Tenía tanta calidad como irregular era, por lo que el mejor Oviedo que se recuerda, presidido por el orondo Eugenio Prieto y con publicidad de Central Lechera Asturiana en su camiseta Kelme, optó por ficharlo en 1991. En Oviedo jugaría solo cuatro años, pero pasó por ser uno de sus jugadores referencia, no tanto por su rendimiento, sino por su afición a protestar cada decisión arbitral, a escupir en el terreno de juego y a reconocer, sin demasiados problemas, su afición por los cigarrillos ligth.
Lacatus era incisivo, tenía siempre la portería entre ceja y ceja, pero su temperamento le jugaba malas pasadas. Luchador, siempre listo para encararse con cualquier oponente, ese carácter le pasaría factura en uno de los momentos más importantes de la historia del Real Oviedo. Fue en una eliminatoria de la Copa de la UEFA, cuando en el duelo de vuelta del cruce que midió a los asturianos con el Génova, Lacatus, por culpa de una niñería, dejó a su equipo con 10. El central Torrente hizo una dura entrada al rumano, éste se revolvió, lo que le costó la segunda cartulina amarilla, y a partir de ese momento los oventenses, a pesar de Carlos, Gorriarán o Berto, se vieron superados por los italianos que ganaron por 3-1.
Marius permanecerá en nuestro recuerdo por ser pareja atacante carbayona junto a Carlos, que llegó a jugar en la selección española, por su aspecto desaliñado y aquel fleco que, quizás, no le dejaba ver bien la portería rival en algunos momentos.