Por @josefelipem | La mejor final de la historia de la Copa de la UEFA la protagonizó el Deportivo Alavés. Era cuando la UEFA era buena de verdad, a doble partido, la misma que resultó decisiva para elevar a los altares la competitividad de los conjuntos italianos al ser a doble encuentro y la que no se perdía entre rivales de dudosa calidad como la actual Europa League.
José Manuel Esnal Mané, que había hecho historia con la UE Lleida en Primera División, se plantó el 16 de mayo de 2001 en el Westfalenstadion de Múnich con un grupo de jugadores que aún recuerdan en Mendizorroza. Fue un año mágico, en el que se dieron todas las circunstancias necesarias para lograr aquel milagro porque, entre otras cosas, ninguno de aquellos jugadores repitió posteriormente un éxito similar, lo mismo que ocurriría con Mané, desaparecido del primer plano desde hace varias temporadas.
Geli, Jordi Cruyff, Téllez, Javi Moreno o Cosmin Contra parecían hechos para aquel equipo ya que, por ejemplo en el caso de los dos últimos, no triunfaron en sus aventuras posteriores en clubes más potentes. Pero aquello no fue fruto de la casualidad, ni de la suerte ni nada por el estilo. El Alavés llegó a la final alemana para medirse con el Liverpool tras vapulear en semifinales (5-1 y 1-4) al Kaiserslautern, antes, en cuartos, había hecho lo propio con el Rayo Vallecano, clasificado por la UEFA por su Falir Play, por 3-0 y 1-2 y había logrado dejar fuera al Inter de Milán tras empatar en San Siro (3-3) y ganar en Vitoria (2-0). Rosenborg, Lilleström, Gaziantepspor fueron sus anteriores oponentes. Los alaveses no perdieron un solo encuentro.
Aquella mítica final empezó mal para el Alavés. A los 16 minutos Babbel y Gerrard ya habían puesto el 2-0, por lo que todo apuntaba a que los vascos habían llegado al final de su sueño de manera anticipada, pero todo cambió. Iván Alonso pondría el 2-1 y McAllister el 3-1 con el que se llegaría al descanso, donde los jugadores del Alavés se conjurarían para aprovechar una oportunidad que quizás no volvería a repetirse. Javi Moreno, don dos goles, empataría el duelo a tres, antes de que Robbie Fowler propinara un nuevo mazazo (4-3) que parecía definitivo
A la heroica, y con dosis de justicia divina, Jordi Cruyff, harto de innumerables comparaciones con su padre, lograría el empate a cuatro a falta de un minuto para el final de un encuentro que se decidiría con el Gol de Oro. Si hay una manera cruel de perder un título fue la que experimentó el Glorioso en aquella ocasión. Con dos jugadores menos por las expulsiones de Magno y Karmona, los de Mané vieron como en el minuto 117 de encuentro Delfí Geli desvió hacia su propia portería un balón aéreo dando el triunfo a los ingleses.
«Quise que me tragara la tierra. Estábamos pensando en los penaltis cuando sucedió mi autogol y nos quedamos en estado de shock. Perder 5-4 nos engrandeció, pero un 2-0 habría sido menos doloroso», señaló el exjugador años más tarde al diario Marca. La estampa fue terrible, llena de jugadores del Alavés absolutamente rendidos sobre el césped del estadio del Borussia Dortmund.