Por @juanjo_ramos
La buena gestión de una crisis garantiza el futuro. Estamos cansados de ver en la vida (vale un club, una empresa, cualquier grupo humano) como una mala gestión puede acabar quebrando la frágil armonía y conduciendo al precipicio. Es el momento del criterio, de las buenas decisiones, de desterrar la soberbia y de ser autocrítico.
No es bueno, en definitiva, aferrarse a que el viento gire hacia otro lado. Si la dinámica es mala, trabaja para cambiarla. El Tenerife es un caso de manual. En cinco partidos ha dado tiempo de ver como una virtud se convierte en defecto. Al fútbol no se juega siempre a la misma velocidad. El equipo de Joseba Etxeberria quiere robar, replegar, atacar, tocar y hasta irse al vestuario a toda prisa. Y así se multiplican los errores.
El 1-2 del Cádiz llega, por ejemplo, porque el equipo está pensando más en el siguiente ataque que en defender. La intensidad puede ser el principio, pero no puede ser el nudo y el desenlace también. Porque acaba generando ansiedad. Hay otras cosas. A este equipo le falta pausa, cabeza, bloque. Le falta juntarse defendiendo y atacando.
Como no lo hace, se le han puesto por delante 7 veces en 5 partidos. Pero no es por culpa de la dinámica. Encajas muy fácil porque defiendes mal, muy abierto, con las ayudas lejos. Y porque la respuesta colectiva ante determinadas situaciones, como las segundas jugadas, resultan deficientes (ver 1-0 del Málaga y 0-1 del Cádiz).
Te cuesta marcar goles porque atacas al pelotazo. Pero sin Longo para potabilizar ese juego directo. Queriendo llegar a toda prisa, dejándolo todo al talento de un punta. Sin automatismos definidos y trabajados.
Con todo, el Tenerife mereció irse ganando al descanso en la Copa. Sí. Pero por empuje. Por actitud. No por fútbol. Es ahí, cuando haces mínimamente bien las cosas, cuando la dinámica te hace fallar una ocasión o hacer un mal despeje. Pero no amigos, la dinámica no te hace tener un funcionamiento colectivo deficitario. Es justo al revés. El mal funcionamiento te hace entrar en una mala dinámica y perder la confianza.
Y no es un problema estructural. Este Tenerife tiene una buena plantilla (mejorable como todas), pero no un equipo. En resumen, la pelota está en el tejado de Etxeberria. Es él quien debe encontrar las soluciones. Y puede hacerlo. Confío en ello. Merece tiempo, pero no todo el tiempo. Escudarse en la dinámica es engañarse cuando hay cosas que dependen de uno mismo. Porque parece que te vas a sentar a esperar a que la suerte cambie.
P.D. En esta lucha por mejorar no ayuda que un sector del Heliodoro sea tan tóxico como para pedir ya un cambio de entrenador o dar por mal fichaje a José Naranjo al quinto partido. Porque el Tenerife tendrá que jugar este sábado contra el Reus y contra ese runrún crítico de los malos momentos.