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Gesta

Por @rondoscutillas

La Liga está a punto de consumir su primer tercio. Y el Tenerife, pese a todos los intentos por despegar, continúa buscando aún el camino correcto hacia la pista que le haga volar con cierta regularidad. Es un equipo de dos velocidades. En casa, como sucedió el pasado fin de semana frente al Albacete (0-0), hace méritos para ganar. Pero aún no les da la mayoría de las veces. Ni siquiera dejando la portería a cero, una de las grandes asignaturas pendientes en esta primera evaluación, lograron alcanzar esa meta ante los manchegos. Fueron mejores a los puntos, pero su ineficacia ofensiva los condenó a otro empate insulso.

Fuera de casa el equipo muta. Se convierte en un conjunto demasiado previsible. Algo parecido a ese oficinista insulso al que sepulta la rutina diaria. Sale a hacer su trabajo. Pero no hay ese impulso extra que le convierta en un visitante incómodo. Sus puestas en escena, salvo en La Romareda contra el Zaragoza, dejan bastante que desear. Inicia los partidos que juega como foráneo demasiado adormecido. Sin chispa. Y solo se activa cuando recibe el primer golpe en forma de gol encajado.

Luego, cuando ya no hay remedio, aparecen los lamentos, el arrepentimiento y la autocrítica en la sala de Prensa. La voluntad de que no vuelva a suceder se hace patente. Pero lo cierto es que el tropiezo se hace recurrente sin que nadie sea capaz de romper, en la siguiente oportunidad que brinde el calendario fuera de la isla, con una dinámica demasiado nociva.

El problema es crónico. De hecho, este sábado vuelve al Tenerife a El Sadar, el escenario donde ganó por última vez como visitante hace ya nada menos que siete meses. Desde entonces, la involución ha sido constante. Da igual que el oponente sea un equipo de los más modestos de la categoría o uno de los más sólidos y con más potencial en su plantilla. El resultado, como máximo, es un empate.

La temporada pasada la Liga de Fútbol Profesional (LFP) galardonó a la afición del Tenerife como la mejor de Segunda y, si lo hubiese, este ejercicio los blanquiazules se están haciendo acreedores a obtener también el premio de la hinchada rival al visitante predilecto. Los isleños son un chollo para cualquier aficionado del equipo de la ciudad a la que van y un bálsamo para el adversario de turno si quiere reconciliarse con sus incondicionales. Pasó en Soria, en la última salida, y los seguidores de Osasuna ya deben andar frotándose las manos con la llegada de uno de los equipos más mansos de la competición.

La situación de esta semana no invita al optimismo precisamente. Oltra ha perdido a sus centrales titulares y tampoco tendrá al hondureño Bryan Acosta porque se ha ido a cumplir el compromiso con su selección nacional. Si a eso le sumas que el estilo de Osasuna es la intensidad y el bombardeo continuo sobre el área enemiga, pues no parece el partido más idóneo para cambiar con la mala racha a domicilio.

En cualquier caso, el Tenerife está obligado a competir como nunca si no quiere verse engullido por el abismo del descenso este mismo fin de semana. Por mucho que en el fútbol pueda pasar cualquier cosa, esta vez admito que tengo mis dudas sobre las posibilidades de los blanquiazules. Al menos, mientras ganar fuera de casa siga siendo algo tan poco natural y conseguirlo equivalga, poco menos, que a realizar una verdadera gesta.