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García

Por @juanjo_ramos

La casualidad ha querido que yo esté leyendo durante las vacaciones una biografía de José María García (Buenas noches y saludos cordiales, Vicente Ferrer Molina, Roca Editorial) y me tope el pasado martes con una entrevista de Juan Antonio Alcalá a García en la Cope. Fue un rato -con segunda parte incluida- delicioso. Porque aun retirado de las ondas, el hombre con el que se “acostó” media España durante décadas sigue estando en plena forma.
Su ahora sosegada claridad no le ha restado un ápice de contundencia y eso me hizo reflexionar. Alejado de la radio como estoy desde noviembre de 2015, notaba entonces y veo que ha ido a peor ahora una tendencia que critica de forma clarividente García. El impulsor del periodismo deportivo de investigación, el hombre que era capaz de juntar a presidentes, entrenadores y estrellas de Real Madrid y Barcelona en la semana del Clásico observa ahora con horror cómo los protagonistas no se le ponen siquiera al teléfono a las emisoras de radio.
No se sabe qué fue primero si el huevo o la gallina, pero sí es cierto que la radio es ahora más entretenimiento que información. Se siguen contando noticias, pero como es más difícil acceder a los protagonistas hemos virado hacia el análisis. Como los partidos tampoco son ahora a la misma hora se ha perdido el vértigo de los carruseles y se ha cambiado por un formato en el que cabe también el análisis, el humor… Casi todo. “Los tiempos cambian”, dirán algunos. Sí, pero los que hemos vivido aquello y esto no podemos evitar echar de menos aquello.
Y ojo, no es una crítica a las formas de ahora porque disfruto escuchando El Partidazo o Tiempo de Juego (sí, en la radio deportiva nacional escucho la Cope), sino más bien a la aceptación de las normas. Todos, y me incluyo, hemos claudicado un poco ante el poder. Los clubes imponen normas y las aceptamos casi sin rechistar, los protagonistas se aíslan y buscamos alternativas sin apenas afearles la conducta.
Ya no pegas un bote cada noche en la cama mientras escuchas la radio ni te llevas un sobresalto a mediodía con la actualidad de tu equipo porque apenas rayamos siquiera la carrocería del coche con nuestra información. Lo que algunos llaman periodismo crítico no es más que un truco para maquillar el interés propio. Por la razón que sea, un presidente o un entrenador no te baila el agua y entonces lo “matas” cada día y erosionas su figura ante la opinión pública. Es esto último, y su némesis el periodismo de camiseta, lo que más daño hace al periodismo actual.
Recuerdo los tiempos en que el protagonista del día era uno muy concreto y nos peleábamos para “pincharlo” en antena con la suficiente antelación para que no te lo quitara la competencia. A menudo tocaba llamarlo con cinco o más minutos de antelación y entretenerlo al teléfono hasta que le tocara entrar. Ahora casi no se puede elegir. Entrevistas a un jugador, a un entrenador o a un presidente cuando te toca. Y claro, hay que venderlo como la última Coca Cola del desierto. De moda está también obviar la información que da la competencia. Una deslealtad del tamaño de una catedral que, en lugar de dañar al que da la noticia, deja en muy mal lugar al que tiene ese mal perder y la esconde. Prima el ego y no la información. Grave error. Antes nos tragábamos el sapo de la derrota y hasta citábamos al compañero que nos había quitado la “gloria”.
Escuchando a García, en definitiva, no he podido sentir más que nostalgia por lo que éramos y lo que no somos. Insisto, acepto el cambio de los tiempos. Me gusta la radio que escucho. Pero no puedo defender el partidismo, los intereses y a los chiringuiteros que la contaminan ahora. Bastante hay con las restricciones que nos imponen. De esa parte no podemos sentirnos orgullosos. Le estamos fallando a José María y a mucha gente.