Por @AleixValero
Mañana sábado se podrá salir a pasear y hacer deporte al aire libre, y todo parece indicar que, de repente, todos nos volveremos Forrest Gump y saldremos a correr como si no hubiera un mañana.
La ‘plaga de runners’ madrugadores y nocturnos seguramente sea de órdago, como seguramente han sido las reproducciones en Youtube de entrenadores personales, o las clases en directo desde diferentes redes sociales, pero es indicativo de que las cosas, al fin, empiezan a cobrar cierta normalidad; si es que se puede considerar normal perder cada día a entre 300 y 500 conciudadanos. Convendría acordarnos de las 25.000 personas que nos han dejado por el camino, en menos de dos meses.
Canarias ha sido una de las zonas más ejemplares de cómo su gente ha sabido respectar, en su mayoría, el período de cuarentena o confinamiento, al punto de que, pese haber registrado el primer positivo del país, haya casi que controlado la pandemia; claro está, favorecida en gran parte por nuestra idiosincrasia geográfica.
Pero el hecho de poder salir más allá de ir al supermercado, la farmacia, o sacar al perro (lástima los que tenemos gatos) es sin duda un soplo de aire fresca. Notar la brisa del viento durante unas horas, los rayos del Sol mientras paseamos o nos atrevemos a correr un rato por nuestro barrio, nos permite mirar con optimismo al futuro, y volver a ver caras conocidas.
A todas estas el fútbol español ha decidido volver mientras otros, como el francés, no lo harán, y el inglés todavía no lo tiene claro. Un fútbol que será sin duda diferente, al que le faltará lo que no debe faltar cuando íbamos de guachinche y nos pedíamos costillas con papas: el mojo verde. Los espectadores son ese mojo que va a faltar y que no tienen certeza de hasta cuándo no podrán volver a su estadio, sentarse en su asiento, vestirse con sus colores blanquiazules y ondear su bufanda al viento.
Nos quedará la televisión. Todos los equipos, los 42 entre Primera y Segunda, jugarán cada partido oficial (cuando vuelva la temporada) casi como visitantes, sin un aliento imprescindible, y al que seguramente estamentos como LaLiga echarán mucho de menos después de haber sido casi que ninguneados por la llamada del dinero de las teles. Esos operadores que seguramente se froten las manos ya que los aficionados querrán ver a sus equipos y no lo podrán hacer ni desde sus butacas ni desde los bares pegados a una pantalla, no al menos de momento. El repunte de abonados al fútbol de pago puede ser de récord.
Pero aun así, y aunque sea a través de la pequeña pantalla, todos anhelamos poder celebrar los goles de Dani Gómez, de Joselu, o nuestro capi Suso ¡Quién más da que marque goles o los celebremos cada uno en los salones de nuestras casas! El juego de Milla, el corazón de Aitor Sanz, las cabalgadas de Luis Pérez…y menos las paradas de Ortolá, que cuantos menos balones toque, muchísimo mejor.
El lunes irán todos ellos a entrenar. Al estadio, a la Ciudad Deportiva, al Mundialito. Da igual, a partir del lunes empezaremos de nuevo a desempolvar nuestras banderas y contar hacia atrás el tiempo que nos queda para volver a consumir un opio que nos vaya devolviendo a nuestra normalidad.