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Ganar

Por @rondoscutillas

La temporada entra en su recta final. Y el CD Tenerife, pese a acumular tres jornadas sin ganar, conserva aún la tercera plaza de la clasificación. Los blanquiazules no vencen. Pero tampoco pierden. Un consuelo menor cuando, analizando el desarrollo de esos encuentros, caes en la cuenta de que, en todos ellos, estuvieron más cerca del éxito que del fracaso.

Los Pajaritos volvieron, otra vez, a ser sinónimo de malas noticias. Si el curso pasado fue una goleada sonrojante en Soria la que hipotecó el proyecto de Agné, en esta ha sido un gol en el descuento la que ha roto, una semana más, el cántaro de la ilusión tras la estela de un Girona que invita a sus perseguidores, jornada tras jornada, a que lo alcancen.

Sin embargo, nadie es capaz de hacerlo porque, cuando quedan tan pocas jornadas para el final y hay tanto en juego, ganar se pone cada vez más caro. El pasado fin de semana no lo hizo ninguno de los siete primeros clasificados. Pero eso, no nos engañemos, es una excepción y no una norma. La semana pasada escribí en este mismo espacio que el Tenerife tenía que volver de su gira de dos partidos fuera de casa con al menos un triunfo. Y como no fue en Soria, por ese gol encajado en el tiempo de prolongación, tendrá que ser en Murcia. No queda otra.

Sobre todo porque todo lo que no sea sumar de tres en tres equivaldrá, casi seguro, a caerse del tercer escalón del podio el próximo lunes. Ojo que el Huesca, que suma ya 11 semanas sin perder, recibe ese día en su casa al Rayo Vallecano. Y que la distancia entre estar en el playoff y dejar de estarlo es, precisamente, la distancia de tres puntos que separa a blanquiazules y azulgranas en la clasificación.

Visita el Tenerife este sábado al UCAM Murcia. Otro equipo en apuros que, pese a ganar nada menos que en Montilivi la semana pasada (1-2), tiene al abismo del descenso a solo dos puntos. La estadística dice que el próximo rival del equipo que dirige José Luis Martí es, junto al Reus, el peor de la categoría cuando juega como local. Ha ganado apenas cinco partidos, ha empatado seis y ha caído derrotado en siete ocasiones. Los que piensen que, con los números en la mano, debe ser un rival asequible deberían caer en la cuenta de que su última víctima como local fue, a mediados de marzo, el Getafe. Y, además, lo hizo con solvencia (2-0).

Espero que, esta vez sí, el Tenerife controle el partido hasta que pite el árbitro. Y que, esta vez también, estar por delante en el marcador lejos del Heliodoro sirva para algo más que para no caer derrotados si el rival anota. Los blanquiazules no terminan de cerrar los encuentros y luego, tarde o temprano, lo pagan. Es sorprendente que eso suceda cuando llevan ventaja porque, en teoría, el contrario deja más espacios. Y ese escenario es el ideal para que los futbolistas amorticen aún más su talento en beneficio del equipo.

Lo que ocurre es que el balón le dura muy poco al Tenerife cuando marca primero que su adversario. Y, cuando lo tiene, carece de precisión para crear situaciones favorables o lo fía todo a la velocidad en las conducciones verticales de Aarón Ñíguez, Amath N’Diaye o Suso Santana. El fútbol son múltiples conceptos. Y la suma de todos ellos, si son correctamente ejecutados, equivale normalmente a conseguir las metas propuestas en la mayor parte de los partidos. Todos ellos, no obstante, se empequeñecen si no se logra lo único verdaderamente importante y trascendente. Ganar.