En apenas dos semanas y como por arte de magia, una vez más hemos sido capaces de doctorarnos en adaptación antropológica del ser humano. En esta ocasión, analizamos con destreza cómo un jugador asiático de apenas 24 años está o no deprimido, se quiere o no marchar de la isla o si jugará (o quizá no), en menos de siete días. Increíble como la NASA no se haya fijado en nosotros, todavía, para construir la primera vivienda en Marte. De todo sabemos.
Usted que me lee. Haga las maletas que se marcha seis meses a Japón. ¿No sabe japonés? No pasa nada. ¿Tampoco inglés? Da igual. Allí le pondré un traductor que estará unas ocho horas al día junto a usted. Irá a su lado mientras entrena, come, se ducha, cena, hace pipí…hasta las cinco de la tarde. Luego se quedará solo.
No se preocupe por la alimentación. Si en España se desayuna a las nueve, almuerza a las dos y media y cena a las nueve de la noche, en Japón eso cambiará. Desayunará a las seis, almorzará a las doce y cenará a las siete. Luego a dormir. ¡Ah! y vaya olvidándose de la dieta mediterránea, tortillas de papas o las croquetas de su madre. Aquello es otro tema. Pescado, sopas misho y noodles estarán prácticamente en su dieta diaria.
Ahora dígame si después de reflexionar sobre esto no estarían ustedes dos semanas pasándolo mal.
Shibasaki atraviesa por un brusco proceso de adaptación. No habla inglés y además es su primera salida con solo 24 años fuera de su país. Encima a España, donde la alimentación natural está cargada de aceites, sal y otros ingredientes a los que su organismo no está acostumbrado. Ni siquiera el agua o té saben igual. Súmenle el desfase del horario nutricional y la primera semana de jet lag. Lo que le pasa a Shibasaki le ocurre a cualquiera.
No hagamos conjeturas ni nos adelantamos. Martí quiere que el futbolista esté cómodo, como mínimo, para saber sobre el campo si vale o no. Quizá debemos entre todos arroparlo. Y para eso hace falta comprensión y algo de cariño. En una semana más comenzará a entrenar con más ganas, interpretará mejor los gestos del entrenador y recuperará el peso que ha perdido por los condicionantes que les he explicado antes.
Quizá sea un bluf al final de todo esto, pero por intentarlo que no quede. ¡Ánimo Samurai!