Por @golcondomina
Muchas generaciones han crecido con la Copa de Europa y la Champions League como la cita futbolística más importante del continente, pero aunque la idea de crear un proyecto futbolístico a nivel europeo parece sencilla no lo fue tanto poder ponerla en marcha.
Con la Copa Mitropa ya en liza, que englobaba a conjuntos del Centro y el Este de Europa, y la Copa Latina abarcando los conjuntos del Sur del continente, Gabriel Hanot, un modesto futbolista francés pensó que sería bueno para el deporte poder medir a los mejores equipos del continente y coronar a un rey final. Un accidente, cuando aún era jugador de fútbol, provocó que Hanot se dedicara al periodismo, siempre con la pasión por el fútbol por bandera. Su obsesión se convertiría en realidad.
No fue sencillo, porque su gran capacidad de análisis le había llevado a ser seleccionador francés, pero su cargo no le impidió seguir siendo cronista de fútbol dándose la paradoja de hacer las crónicas del equipo que él mismo entrenaba. Hanot escribía para L’Equipe y tras un partido ante España, en un artículo anónimo, pidió su propia dimisión, que presentaría horas después de la publicación del artículo.Junto a otro compañero también loco por el fútbol, se fijó en el embrión de la Copa Libertadores de América, competición que ya gozaba de gran éxito, poniendo en marcha la Copa de Europa en el curso 55/56, antes incluso que la Eurocopa de naciones. La gota que colmó el vaso para el temperamental periodista fue una serie de partidos disputados por el Wolverhampton Wanderers, campeón inglés, que se impuso a los poderosos Honved y Spartak Moscú. Los titulares de los tabloides ingleses hablaban de «el mejor club de Europa», así que, tras escribir un artículo en el que incluso ridiculizaba a la Federación Inglesa de Fútbol, Hanot remató su obra.
Como todo pionero, Gabriel Hanot no lo tuvo nada sencillo, porque fueron muchas las federaciones que vieron con malos ojos aquel torneo, llamado a acabar con la Mitropa y la Latina, sobre todo la primera, que gozaba de gran prestigio. Los ingleses ya habían dicho no al periodista y a L’Equipe, así que el Chelsea, que se había comprometido en ir a jugar el torneo finalmente se retiró. La URSS tampoco veía con buenos ojos la idea, especialmente por tener que verse las caras con equipos de países con dictaduras vigentes como España, así que el Dinamo Moscú tampoco la jugaría. En total, de los 29 campeones domésticos invitados solo acudieron siete para completar una competición de 16 conjuntos a la que acudió el quinto clasificado de Escocia, el Hibernian, o el sexto de Suiza, el Servette.
Para la historia quedará que el primer encuentro de la Copa de Europa lo disputaron el Sporting de Portugal y el Partizán de Belgrado, que el primer tanto lo anotó Joao Baptista Martins, del Sporting, y que el Real Madrid, tras ganar 4-3 al Stade de Reims, sería el primer campeón, conquistado la primera de sus 11 entorchados continentales. Y todo gracias al empeño de un periodista crítico, polémico y adelantado a su tiempo.