Pablo Longán | Gabriel Chávez, el éxito de los valores. Cuando pensamos en hablar con un campeón, sea de la disciplina que sea, nos imaginamos a un tipo de persona. Normalmente nuestros prejuicios nos hacen creer que pueda ser distante, fría o incluso que pueda no estar cómoda en un ambiente en el que se le hagan muchas preguntas. La realidad fue totalmente distinta en el caso de nuestro protagonista.
Es campeón de España de Sanda en peso pesado y campeón del Open de la República Checa en la misma disciplina y peso. No hemos visto a Gabriel ocupar cientos de portadas, ni ser recibido en volandas en la puerta de los aeropuertos, tras un éxito que no sería para menos en cualquier deporte que entendamos por “normal”.
Un deportista en proyección, hijo de un campeón del mundo, con quien comparte nombre y que esperemos, con los años, títulos. A su temprana edad no solo sorprende su palmarés, que ha logrado midiéndose a los mejores del continente, también su carácter y personalidad. Es una persona decidida, que sabe lo que quiere y lo que más sorprende y no debería, una persona educada en valores que no tiene reparo en tener siempre un buen gesto y unas buenas palabras con quien comparte un momento como ha sido nuestro caso.
Pablo Longán: ¿Cómo está siendo para usted gestionar el éxito que estás teniendo en a tu edad?
Gabriel Chávez: la verdad que genial, los dos o tres años parado en casa me frenó bastante, porque me sentía en un momento de nivel alto. Ahora que tuve la oportunidad de ir al nacional no me lo pensé dos veces, hicimos la maleta y para allá que nos fuimos. Después llegó el europeo que también lo gané y muy contento.
PL: ¿Considera a su padre su mayor fuente de conocimiento en el Tai Chi?
GC: Para mi es todo. Es mi maestro, acompañante de vida, en las artes marciales, en todo. Cuando me dice que haga en el entrenamiento algo, ni lo dudo. Si tengo algún tipo de duda se lo consulto sin pensarlo, en cualquier ámbito.
PL: ¿Cree que en España hay una gran cantera para las artes marciales?
GC: España es una potencia a nivel mundial. Pero a nivel político no se nos ayuda nada. En España metemos las artes marciales con el resto de los deportes y eso no nos beneficia en absoluto, aquí lo primero es el fútbol, lo segundo es el fútbol y lo tercero es el fútbol, si eso después viene el baloncesto. A nivel de ayudas aquí da igual que seas un deportista que compita a cierto nivel, para poder subsistir te tienes que ir fuera si tu deporte no pasa por el aro.
PL: ¿La práctica de esta disciplina fue algo que le llegó de manera temprana o como el resto pasó por el arco del baloncesto, fútbol, etcétera…?
GC: Yo nací con esto. Desde que tenía tres años empecé a dar patadas, mi padre me inculcó esto desde que nací. Yo creo que empecé a dar patadas antes que hablar. Lo acompañé con el fútbol, porque era un niño y me gustaban otras cosas, pero jamás dejé las artes marciales chinas.
PL: A nivel cultural, introducirse en este mundo te abre las puertas a nuevas experiencias ¿Si tuviera que destacar una virtud de la cultura oriental que la occidental no posee cuál sería y viceversa?
GC: La perseverancia. Un chino pregunta cuando tiene que hacer algo, como lo tiene que hacer y jamás se detienen, si tienen un objetivo lo persiguen. Al revés diría vida, los chinos no tienen el disfrute, el saber decir voy a descansar. Son dos culturas tan diferentes.
Gabriel Chávez, el éxito de los valores. La escuela Siming abrió nos abrió sus puertas para conocer más de cerca el mundo de las artes marciales. Un “deporte”, para él que no sabe; y que Gabriel nos aclaró “para mi no es un deporte”. Es un estilo de vida para muchos y que la familia Chávez ha convertido en un lugar de “Culto” para todo aquel apasionado del mundo oriental en Santa Cruz de Tenerife. Sin duda, tener atletas de este calibre en nuestra isla es un lujo y a la vez una pena, por el desconocimiento y el poco reconocimiento que reciben los “deportes minoritarios”. Ha sido un placer visitar el centro y conocer de cerca a los protagonistas de un “mundo desconocido” para muchos y que esperemos con los años reciba el protagonismo que merece.