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Fútbol moderno

Por @juanjo_ramos

Que el fútbol ha cambiado te lo dice el listado de equipos de Primera. En mi niñez yo juntaba estampas de jugadores del Real Murcia o el Hércules, ahora a tres escalones de Primera. En mi adolescencia viví el EuroTenerife, que coexistía con el Superdepor, ahora venido a menos en esa recién nacida Primera Rubiales.

Ya en la Universidad y en mis primeros años como profesional vi al Valencia ganar ligas, Copas de la UEFA y rozar la Champions. Al Zaragoza, ya vecino habitual de Segunda, quitarle una Copa del Rey al Real Madrid y así un sinfín de ejemplos.

En ese tiempo ni me fijaba en el Leganés, el Girona, el Eibar o el Huesca. Todos ellos han pasado por Primera recientemente, con todo lo que ello conlleva en el fútbol moderno. El salto es tan brutal que todos volvieron a Segunda con mejores estadios, instalaciones para entrenamientos, infraestructuras relacionadas con la comunicación (lo que conlleva una mejoría de su imagen) y hasta número de fieles.

Por eso, ahora, el Tenerife mira a esos equipos ‘inexistentes’ hace décadas con el respeto que se le tiene al candidato obligado al ascenso, una etiqueta que no llevan los blanquiazules desde hace tiempo. Porque el Tenerife, aunque no lo queramos ver, no tiene capacidad económica para competir en plantilla con esos gigantes.

Otra cosa es que el fútbol, caprichoso como es, te brinde de vez en cuando una oportunidad de saltarte esas jerarquías. Y ante una de esas podemos estar. Lo averiguaremos dentro de unos meses. Hasta entonces, humildad. El Huesca te puede sonar a poco porque, como a mí, no lo tienes en los álbumes de la Liga de los 80 y los 90. Pero hoy es mucho. Desde luego más que el Tenerife en plantilla, que es lo que importa en el campo.

Partamos de ahí para sentarnos a ver el partido del sábado en la tele (y a escucharlo en la Cope).