Por @beatrizpalmero
El domingo pasado, justo antes de comenzar el encuentro ante el Jaén, saltó la noticia. Fallecía Vujadin Boskov, quien fuera entrenador de Real Madrid y Zaragoza entre otros. Aunque todos lo conocemos por su famosa sentencia: «Fútbol es fútbol«. Una frase tan sencilla, que incluso parece simple, una obviedad, una perogrullada. Pero que, en su simpleza, encierra una gran verdad. Porque el fútbol es sencillamente inexplicable para aquellos que no lo sienten ni lo comprenden, pero es aún más inexplicable para quien lo vive.
Porque cómo explicar algo tan cambiable en cuestión de segundos, algo capaz de mudar tu estado de ánimo, tu humor, en un abrir y cerrar de ojos. Algo que depende de pequeños detalles capaces de modificar tantas cosas… Que le pregunten a Diego Rivas, que en un instante cambió de firmar una buena actuación a empañar su inesperado debut con un simple gesto, el de estirar los brazos, dándole la oportunidad a Pérez Pallas de confundirse y pitar penalti. Y con ese gesto cambió el signo del partido.
Como cambió el encuentro de Las Palmas cuando Momo, siempre certero, mandó una pena máxima a las nubes. Si ese penalti hubiera sido gol, con 0-0 en el marcador, el resultado podía haber sido totalmente diferente. Pero no lo fue, y por algo que sucedió en unos pocos segundos el partido fue otro distinto.
Y así, las alegrías se tornan en tristeza por pequeños detalles y viceversa. Y no se puede explicar más que diciendo que «fútbol es futbol». Cambiante, sin memoria, pasional, conmovedor. Simplemente, fútbol.