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Fútbol

Redacción Deporpress | Cuando el CD Tenerife pierde partidos como el de esta tarde del domingo en el Heliodoro, únicamente puede resumirlo en una palabra: fútbol. Un mensaje sencillo, pero certero.

El representativo convenció sobre el césped del Heliodoro, pero le faltó mayor definición en el remate. Una estelar actuación de Raúl Lizoain bajo palos, que sacó dos remates claros a Carlos Ruiz y Sam Shashoua, tuvo una repetición con los mismos protagonistas blanquiazules, pero a través de los palos: los largueros impidieron que el británico pusiera el 2-0; y el cabezazo del central el 2-1 en el 89’. Por no hablar de que Álex Muñoz pecó de precipitación en el primer minuto del segundo acto para poner una marejada de tranquilidad, con un remate arriba en posición franca y sin oposición. Y por qué no decirlo: se eligió erróneamente en jugadas de superioridad en ataque.

Pero como resumíamos en el primer párrafo, la ley del fútbol no entiende de merecimientos, sino de quien marca más goles. La mira errática del Tenerife abrió las alas de un Mirandés que se limitó a defender y salir al contragolpe, aupado por un accidente en forma de gol que dejó grogui a los tinerfeños y abrió la vía de la esperanza de los burgaleses.

No obstante, la ‘culpa’ puede ser repartida entre técnico y jugadores. Más allá del infortunio de cara a puerta, los blanquiazules tuvieron momentos de control, pero también obsesionado con la portería contraria, lo que hizo que se partiera fácil cuando tocaba el repliegue. Ahí, el Tenerife se hizo añicos, rematado en la última jugada del partido por un Simón Moreno que silenció el optimismo del Heliodoro, con un CD Mirandés que se crece en la adversidad, con calidad y hambre para sacar beneficio ante el riesgo.

A diferencia de otros años, las sensaciones son bien diferentes. Porque los pinchazos siempre duelen. Pero no es menos cierto que muchas derrotas duelen menos que bastantes victorias. Y la sensación general es que este Tenerife estará más cerca de los tres puntos que del nulo cada fin de semana.

Porque en Segunda no hay nadie invencible. Solo el Ibiza se mantiene invicto, pero también penalizado por el valor del empate, que les mantiene con menos créditos. Incluso, la líder Ponferradina sucumbió en el recinto capitalino. O el temido Sporting se topó contra el barro y la calidad de un Éibar que va a más. Una categoría que parece más igualada que nunca, sin un claro favorito, donde habrá que remar semana a semana para saborear las mieles de la nobleza. Pero bajo este guion, y con un bloque que no renuncia al trabajo, muchos golpes como el de este domingo tendrán que repetirse para mermar la convicción de los soldados entrenados Ramis. De los golpes, se aprende.