Redacción Deporpress | Muchas voces y expertos coinciden en que uno de los elementos mágicos del deporte rey es único por su imprevisibilidad, resumido en una palabra o una frase: esto es FÚTBOL. Porque puedes ser mejor y perder; o ser inferior a tu rival y llevarte el máximo premio. Dominó más el Rayo, pero quizás en la tarde de este sábado en el Heliodoro fue cuando el CD Tenerife se vio más superado por el contrario. En cambio, sumó de tres.
Es uno de los ingredientes básicos de este deporte. Si los de Fran Fernández se quedaron con sensaciones de merecer más ante Alcorcón, Mirandés o Mallorca, nada hubiera pasado si el Tenerife se deja puntos este fin de semana contra los de Andoni Iraola. Porque en este sprint inicial, con cambios de relevo en las posiciones, el representativo es un club que se está cocinando a fuego lento.
Hoy hubo carta de presentación para tres de los nuevos fichajes, con sensaciones generales en positivo. Pero a los insulares les sigue faltando mucho más con balón. En un encuentro de altibajos, los tinerfeños se atascaron sin posesión y nunca se encontraron cómodos cuando tuvieron la pelota en sus pies. El Rayo aprovechó la coyuntura para aspirar a más, liderados por un Isi Palazón que parecía el único sobre el terreno de juego que quería jugar por raso.
Muchos errores no forzados, despistes en la retaguardia y sin fluidez en ataque, con un Fran Sol que se desesperaba ante la ausencia de disfrute. Vada no conectaba en el enganche, mientras que Zarfino y Aitor Sanz se solapaban en el doble pivote. Mientras, jugadores altamente regulares como Álex Muñoz o Shaq Moore parecían contagiarse de esa contaminación negativa.
Los cambios dieron otro aire. Folch aportó claridad y Bermejo recuperó su mejor versión tirado al costado. Dos actores que cuajaron junto a Moore la jugada del único gol. Se sufrió, con Qasmi perdiendo la carra a priori junto a Zarfino; o con un agarrón del norteamericano donde, por fortuna, el VAR no decretó pecado capital. Andres Martín pudo frustrar las ilusiones, pero la nueva herramienta tecnológica frustraba, esta vez, el famoso dicho blanquiazul del ‘siempre lo mismo’.
No fueron tres puntos con brillo. Pero crecer desde la victoria es más fácil. Juego aburrido, sin mucha lucidez y con grandes lunares –especialmente en la creación, en la continuidad del juego y en la omisión de errores individuales-, pero aún quedan 37 jornadas para que el menú blanquiazul se cocine a fuego lento, sin quemarse. En una categoría que no perdona errores, el CD Tenerife está seis puntos más cerca del primer objetivo: campamento base.