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Funcione

Por @rondoscutillas

Admito que escribir un artículo semanal es una tarea que me complace, aunque no pueda dedicarle el tiempo que me gustaría a la hora de sentarme ante el teclado e intentar transmitirles todas esas ideas que van rondando mi cabeza conforme avanzan los días y la semana. Los sábados pienso que voy a escribir sobre esto. Los domingos corrijo algunas cosas. Los lunes se me ocurre algo distinto. Los martes se añaden nuevos argumentos a mi cerebro. Y los miércoles, casi siempre, destierro todo lo anterior y me quedo con ese último pensamiento.

Esta semana voy a hacer un experimento. Y a ver cómo sale. El sábado, después de la derrota ante el Mallorca, lo veía todo bastante negro. Sabía que lo normal era que el Tenerife perdiese, pero me repateaba por dentro la sensación de que, otra vez, nos habían ganado con casi nada. Una desatención a balón parado de medio segundo bastó para encajar un gol. Y, pese a que mis sensaciones previas no eran nada buenas, tal y como escribí en este mismo espacio, acabé con esa sensación de frustrado y resignado que me acompaña en los últimos años durante las primeras jornadas de cada campeonato.

El domingo salió el sol. Llegó el delantero que quería Juan Carlos Cordero. Y también amaneció en mi cabeza para desterrar el pesimismo. Ese día estuve dándole vueltas al dichoso VAR. Me preguntaba por qué se han molestado en implantar una herramienta que está destinada a reducir el margen de error al mínimo, si luego la usan unas veces sí y otras no. Independientemente de que deba prevalecer el criterio arbitral (que para eso puede acercarse a la pantalla y tomar una decisión), ¿no sería mejor que no se entrase en lo interpretable y sí en lo subsanable? Aitor Sanz tocó primero el balón y la jugada no fue revisada. Pues eso, que tienen la posibilidad de no equivocarse y, pese a ello, prefieren hacerlo. Me parece injusto y, además, muy absurdo.

El lunes le comenté a mis compañeros en la redacción que ya tenía el título para esta columna. Halloween iba a llamarse. Tiré de ironía y les argumenté que, al paso que vamos en el Tenerife, íbamos a tener que cambiar el viejo tópico periodístico de ‘comerse el turrón’ por el de llegar con vida al día de los Santos Difuntos. No es que a Fran Fernández se le esté poniendo semblante de cadáver. Ni mucho menos. Pero ya van tres derrotas consecutivas y, por desgracia, la estadística nos muestra que cada vez hay menos paciencia con los proyectos y los entrenadores en las oficinas del Heliodoro. Como el propio Fernández ha dicho, hay que reaccionar ya. Pues ojalá y sea este mismo sábado contra el Rayo. Hechos y no palabras.

Para que Fernández consiga su propósito, el martes tuvimos ya sobre la mesa la radiografía completa de la plantilla con la que tendrá que encontrar una identidad propia a la hora de desarrollar su idea futbolística. Cordero se aplicó en el cierre de mercado y reclutó, en el tramo final, a tres futbolistas de los llamados diferenciales. Ramón Folch, Valentín Vada y Fran Sol deben aportar el salto de calidad necesario para que el equipo empiece a carburar. Tener una tormenta de ideas y confeccionar plantillas no es difícil. Lo realmente complicado es ensamblarlas y, como sucede con el Tenerife y este propósito de artículo, intentar luego que guste y funcione.