Skip to main content Scroll Top

Frustración

Por @beatrizpalmero

Hoy es uno de esos días en los que es difícil ponerse a escribir. Porque diga lo que diga se va a interpretar mal o no va a calar. Estamos en uno de esos momentos en los que estamos tan frustrados que ya ni argumentos escuchamos. Por no escuchar, no escuchamos ni a nuestra razón. Lo visceral siempre es más inmediato, requiere menos esfuerzo y llena más dar rienda suelta a lo que nos sale de dentro que pararse a reflexionar y razonar sobre lo conveniente o no de actuar sin pensar pero con sentir.

La frustración es, sin duda, uno de los estados más perniciosos del espíritu. Porque nos llena de rabia, una rabia que nace de la impotencia, del saber que no está en tu mano cambiar las cosas, a pesar de que te parecen injustas, dolorosas o hasta indignas. Y en ese estado, solemos hacer cosas que nos hacen daño, y mucho, a largo plazo. Porque nos puede toda esa negatividad generada dentro de nosotros mismos por una realidad con la que chocamos continuamente.

Llevamos años soñando con ilusionarnos. Desde aquel año que rozamos la permanencia en Primera nos ha tocado sufrir y mucho. Tanto, que ha sido duro posar nuestra mirada en las cosas buenas, porque malas, mal que nos pese, siempre hay. El año en que dejamos la Segunda B y el que rozamos el ascenso en Getafe son como dos pequeños oasis en un desierto que nunca parece tener fin. O esa sensación tenemos. Y la sed y el calor nos ahogan.

Así está la afición blanquiazul ahora mismo. Frustrada. Sedienta. Con ganas de dar una patada a toda la arena a ver si desaparece y vemos el agua sin tener que seguir vagando por el desierto. El equipo, falto de confianza, no tiene a quien agarrarse para levantarse y recuperar la fe en sí mismo y tal vez la ilusión de José Luis Oltra no sea suficiente. La afición, que hasta ahora lo ha apoyado siempre, no tiene paciencia para esperarlo, está mirando más allá. Y lo malo es que ya sabemos a dónde lleva este camino, pero no podemos evitar recorrerlo. Si no llegan los resultados, esas victorias que nos den gotas de esperanza, la sed nos llevará a volvernos unos contra otros para que sean menos bocas, a volver irrespirable el ambiente, a cegarnos con aquello que nos frustra y perder de vista que lo deportivo es lo primordial.

Claro que hay que exigir mejoras, que se sigan dando pasos adelante para modernizar el club, priorizando la parcela deportiva, donde ha habido menos avances que en la económica o en la social. Pero que los árboles no nos impidan ver el bosque. Es el equipo el que mantiene todo eso. Si perdemos de vista lo que necesitan los once blanquiazules que están sobre el césped estaremos olvidando que son ellos, y sólo ellos, los que pueden dar el agua que tanto necesitamos. Los otros cambios, pueden ser necesarios, sí, pero no a corto plazo, no para ganar, sólo (que no es poco) para construir las infraestructuras que nos permitan no estar coqueteando eternamente con el desierto. Y no podemos morir de sed antes de sentar las bases para un club mejor. Mal que nos pese, vivimos al día, y, ay, que malas son las urgencias.