Por @juanjo_ramos
Los profesionales del fútbol suelen irse de los sitios en silencio. Si comparecen, lo hacen con buenas palabras. Dejando puertas abiertas. Desde otros clubes se toma nota de esas cosas. Nadie quiere a un jugador o a un técnico que toma el camino de la salida rajando. Por eso, el elegante adiós de Fran Fernández después de ser destituido en la jornada 13 no llamó demasiado la atención. Se refirió, en su despedida, al Tenerife como “un gran club” y agradeció el trabajo de los empleados, a los que consideró “uno de los mejores patrimonios” de la entidad. Ni una pista de lo que ha dicho estos días.
Pasados casi tres meses desde entonces, rompió su silencio en ‘Fondo Segunda’ y se quejó amargamente de las condiciones de trabajo del club, de la presión, del entorno, de la rapidez con que Juan Carlos Cordero perdió su confianza en él, de que no dispuso de un mediapunta ni de una plantilla que se adaptara a su idea de juego, de la imposibilidad de reconocer que la permanencia era el objetivo, de que tres jugadores no le han escrito y hasta de la ausencia de entrevistas para que le conociera mejor la afición del Tenerife.
En su retahíla de quejas, edulcorada con buenas palabras, olvidó mencionar que fue destituido habiendo ganado 3 de 13 partidos. El dato más importante para explicar cualquier relevo en un banquillo. Y tiene razón cuando afirma que no hay paciencia en la Isla. Me atrevería a añadirle que no suele haberla en ningún sitio. Ni paciencia ni proyecto. Pero menos en equipos como el blanquiazul, algo de lo que fue advertido antes de firmar.
Creo que Fran no ha digerido bien su primer cese, que no se llegó a enterar de lo que era Tenerife y el Tenerife. Pero al mismo tiempo no veo en él a una mala persona. Se ha equivocado. No tanto en el discurso, porque tiene derecho a decir lo que considere, como en el momento. Se le habría valorado mucho más si las quejas llegan durante su estancia en el club y no tres meses después de su salida. Porque, con la fórmula elegida, suena más a pataleta que otra cosa. Y seguro que en algunas cosas hasta tiene razón.