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Fragilidad

Redacción Deporpress | El Tenerife se ha convertido en un artículo frágil. De tocar, pero tratar con mucho cuidado. Con un pequeño golpe, se hace añicos. Doce minutos para el olvido en El Alcoraz frustraron cualquier opción de sacar crédito del campo del mejor local de la categoría. Una pesadilla que se repite cuando los blanquiazules lo tienen a favor. Dos chipazos que se convirtieron en granadas. En un martirio que deja a uno con cara de pocos amigos.

Aitor Sanz enseñó el camino con un empalme perfecto. Bajo el frío oscense, aquellos que son ‘siempre fieles sin reblar’ callaban ante un Tenerife que salía valiente, sin complejos. Buena imagen de los de Baraja que venía con la confianza en alza tras Albacete y Rayo Majadahonda. Pero otra vez, cayó el castillo. Dos zarpazos prácticamente inmediatos, en un guion bastante parecido a la segunda parte contra los manchegos hace una semana en el Heliodoro.

Los errores de desconcentración continúan disfrazándose de elementos fatales para los intereses birrias. Porque el Tenerife compitió frente a un candidato al ascenso durante gran parte de los 90 minutos. E incluso mereció el empate. Pero difícil sacar puntos cuando tienes bajones puntuales ante contrarios que a la mínima te cobran cualquier despiste.

No se perdió la fe. El Huesca terminó cayendo ante el miedo resultadista, mientras los tinerfeños empujaban hacia adelante. Pero otra vez, faltó gol y mayor empaque en área rival. Se llegó mucho, pero se finalizó menos. Llovieron balones sobre el área de Álvaro Fernández, pero sin destino hacia los tres palos. Merezca más o menos, parece que el Tenerife tropieza siempre con el mismo final. Cuestión de calidad, de esfuerzos o de una chispa de suerte según perspectiva individual de cada uno.

Sin tiempo que lamentarse, el Heliodoro espera. Porque la escena vivida en Huesca puede ser el camino a seguir si olvidamos esos doce minutos con un sabor tan amargo donde los altoaragoneses vieron una pasarela hacia la portería de Dani Hernández. No queda otra que hacerse fuertes en casa y buscar rascar lo máximo fuera de la Isla. Se vienen tres pruebas en cuestión de siete días: dos en Liga y una en Copa. Y con el mercado de invierno mirando de reojo hacia su recta final. El momento decisivo para vivir o morir, pero con la lucha como elemento innegociable.