Por @juanjo_ramos
En el fútbol nada revitaliza más que la victoria. Llegó para el Tenerife en el momento preciso, en el campo de un rival directo y cuando el miedo se había apoderado ya de la afición. El miedo y el enfado. Porque no era de recibo estar ocho semanas sin ganar a estas alturas de Campeonato o protagonizar actuaciones tan desconcertantes como las de Mallorca o Santander. Había una seria tentación, la de caer en el desastre del descenso como destino final. Pocos habían eludido una furtiva mirada hacia los grupos de Segunda B para reconocer a futuros rivales. Pero no.
El espíritu y el compromiso acabaron con el mal momento. No fue un planteamiento brillante ni una demostración de calidad, sino 90 minutos de trabajo en los que la suerte y la efectividad, esquivas durante tantos meses, hicieron su aparición en los primeros 45 para sepultar al Sabadell. Así, tuvieron su premio Carlos Ruiz y, especialmente, Suso Santana. En las semanas anteriores había fallado goles increíbles. Esta vez anotó dos decisivos.
Se sale de esta crisis reforzado como grupo, que no como equipo. Porque durante estos dos meses han quedado las miserias expuestas a quien quisiera verlas. Una plantilla tan honrada como descompensada (ellos no tienen la culpa) estructuralmente. Un entrenador que empieza a parecerse más a un Casuco que al encargado de dirigir el futuro blanquiazul. Y una afición desesperada, pero que por fin se ha dado cuenta de que el problema nunca estuvo en el banquillo.
Queda un punto para que la salvación sea una realidad. Habrá que centrarse en ello antes de pensar en el futuro. Pero ya se atisba que habrá que tomar decisiones duras. Igual hay que sacrificar alguna pieza querida para acceder a la renovación de Dani Hernández, por coherencia la primera piedra 15-16 del Tenerife. O para invertir en un goleador.
Pero sobre todo hay que elegir bien al entrenador. La decisión es clave porque, a continuación, habrá que fichar en función de la línea de juego que este quiera implantar. Si es Agné, adelante con todas las consecuencias. Pero lo que a la mayoría le parecía obvio pocas semanas después de su llegada, no parece tan claro ahora. Y si es otro, que sepa que esta Isla no es cualquier sitio. Con todo el respeto, no viene a Soria o Girona. Aquí hay presión. Mucha. E intereses. Muchos también. En una temporada preelectoral por si fuera poco. La lección de esta temporada está clara. El secretario técnico y el entrenador tenían ideas de fútbol distintas (y de mercado). Ninguno logró adaptarse al otro. Que no se repita.