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Fin de ciclo

Escribo estas líneas desde el dolor de una eliminación dura, injusta, esperada, merecida, aleccionadora y a la vez desesperanzadora:

Dura porque la campeona del Mundo en 2010 y de Europa en 2008 y 2012 se va para casa por tercera gran competición consecutiva demasiado pronto (fase de grupos en Brasil’14, octavos en Francia’16 y octavos en Rusia’18).

Injusta porque Rusia, aun estando ordenada y haciendo lo que debía ante un rival superior, no ha hecho absolutamente nada para pasar de ronda. El premio es grandísimo por tan poco.

Esperada porque el transitar por esta cita mundialista, incluso los dos partidos amistosos contra Suiza y Túnez antes de empezar y con Lopetegui a los mandos, ya permitían ver los pecados de un equipo anclado en el toque de hace diez años hasta la obsesión. Pero ahora sin la precisión, la frescura y la calidad de entonces.

Merecida porque hemos sido incapaces, aquí viene la parte de responsabilidad de Hierro, de leer la situación y hacer algo para variar al rumbo. Novedades en el once que empeoraban el anterior (Carvajal contra Irán, Thiago contra Marruecos, Asensio contra Rusia), cambios tardíos (nunca antes del 70 salvo obligación) y ni una alternativa más que volver a intentar lo mismo una y otra vez durante tres partidos consecutivos.

Aleccionadora porque debe hacernos entender que nos enfrentamos a una decisión importantísima: elegir un buen entrenador, con capacidad para intervenir en el modelo, modernizándolo para enfrentarse a las exigencia de este tiempo (los rivales ya saben cómo desactivar el plan de 2008), matizando lo que sea necesario (hay que mezclar más el juego y dar entrada a jugadores más verticales) y adaptándolo a la naturaleza de los centrocampistas que tenemos ahora. Porque, y en esto último reside la clave, los mejores son menos precisos que Xabi Alonso, Iniesta y Xavi con enorme diferencia. Pero son más llegadores (Saúl), puede que más encaradores (Thiago e Isco) y necesitan alguien que les entienda por delante. No es Costa, que ha hecho un Mundial aceptable. Puede que sí Rodrigo o Aspas, siempre entendiendo que tampoco ellos son Torres y Villa. Aceptémoslo. El ciclo victorioso acabó. Volvemos a ser la selección que se cree favorita antes de empezar y se estalla a las primeras de cambio contra un rival de Tercera. Hay que empezar otro.

Desesperanzadora porque hemos convertido este Mundial en un Madrid-Barcelona. Hemos sido chiringuiteros desde la salida de Lopetegui. Puede que Rubiales, con la situación ya generada, hubiera hecho mejor mirando para otro lado. Pero no olvides que la situación la genera Lopetegui, el hombre que ostentaba el cargo más bonito que puede tener un profesional de los banquillos y que lo puso en riesgo fichando por otro equipo a dos días del Mundial. Insisto, a dos días del Mundial. Desde entonces, los madridistas que eligieron ser chiringuiteros -en vez de ponerse la camiseta de la selección- esperaban el batacazo de Hierro para afearle el gesto a Rubiales. Les daba igual el fracaso que España se ganó a pulso, no por las críticas. Que quede claro. Pero si lo importante es que el penalti ante Rusia lo cometió uno del Barça para los chiringuiteros madridistas o que el error del 2-1 de Marruecos fue de uno del Madrid para los chiringuiteros culés es que estamos enfermos. Y sin curarnos será difícil que volvamos a ganar.