Por @rondoscutillas
El Tenerife enterró su mala racha. Se reconcilió con el triunfo y goleó al Reus (3-0) con solvencia y pragmatismo. José Luis Martí apostó por relevar a Dani Hernández como guardameta y colocó a Bryan Acosta como pareja de Aitor Sanz en el mediocentro. Por delante de ellos, juntó a Tyronne del Pino, Juan Carlos Real y Víctor Casadesús, posiblemente los tres futbolistas con más soluciones a la hora de saber qué hacer con el balón. Y arriba repitió Samuele Longo, que firmó otro doblete goleador como el cosechado en la visita del Rayo.
Los blanquiazules hicieron valer su mayor necesidad de ganar y pasaron por encima de su rival por fútbol, juego y ocasiones. Solo la buena actuación del guardameta catalán Edgar Badía evitó una goleada mayor. Satisfacción generalizada el domingo y a miércoles ya estamos ante el debate de siempre. Tal y como lo veo, lo del último partido es solo una chispa que debe servir para cambiar la dinámica. Así que no se engañen y busquen el término medio, el que señala que este Tenerife no era tan horroroso antes ni tampoco es tan magnífico ahora.
La solución llegó de la mano de Casadesús. Vino en verano para marcar las diferencias y, por unas razones o por otras, no ha dado aún la medida de todo lo que lleva dentro. Es un jugador que rara vez resulta trascendente en los partidos porque aparece a cuentagotas o sus compañeros no encuentran la manera de conectar con él. Pero, en una categoría tan igualada como la Segunda, tener a un virtuoso capaz de fabricar varios ‘mano a mano’ ante el portero adversario con sus pases es todo un lujo. En esos detalles puede estar la clave para seguir la buena línea e iniciar el deseado despegue, así que ahora lo deseable es que hallen la manera de que su fútbol tenga continuidad y que, semana tras semana, siga encontrando socios con los que sembrar el pánico entre las líneas enemigas.
Lo mejor del partido ante el Reus ha sido comprobar que este Tenerife aún tiene margen de mejora y que, cuando juega así, pocos equipos podrán pararlo. Analizando los precedentes, la receta de intentar mantener la portería a cero se antoja más que básica en el siguiente compromiso. Los blanquiazules juegan fuera de casa y ya sabemos de qué suele ser sinónimo eso esta temporada. Pero, con todo lo malo que eso supone, habrá que encontrar la manera de sepultar los miedos que se han ido adueñando del grupo lejos del Heliodoro y ser valientes ante un Sporting que, como sucedió en Almería, ha cambiado de técnico justo antes de medirse a los isleños.
Sin adversarios inmediatos a los que superar en la clasificación esta jornada, tal y como sucedió con el triunfo del pasado fin de semana, la próxima meta de los blanquiazules debe ser apretar el paso y tratar de sumar fuera de casa. Y si por fin es de 3 en 3, pues aún mejor porque, seguramente, ayudaría a reducir la distancia con alguno de los rivales que preceden al Tenerife en la tabla. La visita a El Molinón evaluará si lo sucedido en el Heliodoro ante el Reus fue solo flor de un día o si, de verdad, este equipo comienza a ser, por fin, un visitante medianamente fiable.