por @juanjo_ramos
No pretendo con estas líneas dar lecciones de tinerfeñismo. Si alguien saca esa conclusión al leerlas, prometo que se equivoca. Es mi humilde opinión sobre lo que veo, leo, escucho. Supongo que algo que sucede en cada ciudad y con cada equipo. Veo, leo, escucho excusas. Muchas. Que si no voy al Heliodoro porque no se lo han ganado, que si no voy hasta que echen al entrenador, que si no voy hasta que se vaya el presidente o mientras juegue tal futbolista. Excusas.
Cuando alguien recurre a semejantes tópicos pienso en los que estarían encantados de ir y no pueden permitírselo porque su estado de salud, su situación económica o su ubicación geográfica dificultan que se cumpla ese deseo. Y me da rabia.
Pero no es lo único que me produce ese mismo sentimiento. Ver que Las Palmas ha sabido generar una suerte de orgullo de pertenencia a partir de una desgracia como su no ascenso en el último play off, mientras aquí nos tiramos los trastos a la cabeza también me puede. Este maldito Tenerife de los bandos que enfrenta a presuntos defensores a ultranza de la cantera con presuntos depredadores de la misma, pero que en realidad solo pone en contra a los que están fuera (y querrían estar dentro) de los que tienen sitio en el club, me hastía.
Porque por encima de la simpatía que despierten el entrenador, el presidente, un jugador que pierde los papeles en la sala de prensa u otro que solo falla goles, está el escudo. Y yo no soy aficionado a Cervera o a Concepción. No tengo ídolos a los que sigo cuando cambian de equipo. Soy del CD Tenerife.
Desde que voy al Heliodoro como aficionado han pasado por la entidad personas que han mancillado su buen nombre. Consejeros grotescos, algún director deportivo deshonesto, entrenadores que sembraron el caos y jugadores que ensuciaron la camiseta por su actitud poco profesional. Nunca deseé una derrota de los que vestían de blanquiazul. Defendieran o no como debían esos colores.
A pocos días de un derbi, creo que no llegamos bien preparados. Y no pienso en los del césped. Ellos (ganen, empaten o pierdan) seguro que darán la cara. Pero… ¿y nosotros? ¿Estará el entorno a la altura del envite? Me temo que veremos un Heliodoro lejos del lleno.
Igual es que nos puede el miedo. Y no debería. Este derbi no es distinto a otros que ya hemos vivido. Aquel de 2004 o el de 2007. Llegar tan lejos de Las Palmas no es lo deseable, pero es una oportunidad. Una oportunidad para cambiar las dinámicas. Para ganar y olvidar el mal arranque de Campeonato. Para que las dudas se muden de Isla.
Pero si se impone la lógica (clasificatoria) y la victoria es amarilla, yo seguiré siendo del Tenerife el domingo a las 13:00 horas.