Redacción Deporpress | Un mes entero se pasó el equipo manchego sin saber lo que era ganar un partido. Mucho tiempo si tenemos en cuenta que hablamos de un equipo que está 3º en la clasificación a tan solo 2 puntos de la plaza de ascenso directo que ocupa el Granada.
Era la segunda vez en toda la temporada que los manchegos encadenaban 4 partidos sin ganar, y la primera racha quedaba ya muy lejos en el tiempo, a principios del mes de octubre.
Además, en esta racha negativa de resultados había un dato que resultaba especialmente doloroso y que le distinguía de la primera: ningún gol a favor. El equipo de Ramis se había quedado seco. Después de haberse colocado como líder en solitario de la La Liga 1|2|3, al Albacete le entró mal de altura.
Ante el Extremadura, en el último duelo en casa, parecían reproducirse los síntomas. Superados los 80 minutos de juego, el marcador señalaba un 0-0 que agudizaba los problemas locales. Fue entonces cuando apareció Eugeni Valderrama para sacar a su equipo del letargo. Un golpe de falta que toca en un defensa y se acaba colando en la portería de Casto.
Tras tantos remates durante 4 partidos, la fortuna (y el talento de Eugeni) apareció para devolver al Albacete a la senda de la victoria. Lo hizo, curiosamente, de la mano de un futbolista que llevaba más de un mes lesionado, una de las causas del bajón de juego de los manchegos. 20 minutos sobre el terreno de juego fueron suficientes para llevar la alegría y la libertad mental de la que su equipo carecía durante el último mes.
Por si esto fuera poco, el Albacete visitó Lugo el sábado y Eugeni Valderrama se encargó de hacer desaparecer todos los fantasmas que sobrevolaban el Belmonte. Otro golpeo de falta, otra complicación para el portero visitante, y un segundo gol generado en menos de 40 minutos de fútbol desde que regresó de la lesión. Segunda victoria consecutiva para los de Luis Miguel Ramis antes de recibir al C.D Tenerife.
En una competición tan igualada a nivel de juego, un futbolista con la capacidad de decidir partidos desde el balón parado como el tarraconense es una mina, y el Albacete está explotando la suya para reconducir su camino hacia la Primera División.