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Eterno retorno (10-11-14)

Por @rondoscutillas

El Tenerife regresa semana tras semana al mismo punto. Condenado por los errores de sus porteros, vive instalado en el miedo de que cualquier tiro que vaya entre los tres palos sea gol. Suena crudo y quizá exagerado, pero la realidad es que el temor se ha propagado a los integrantes de la plantilla e incluso a la grada. El partido de ayer ante el Alavés queda condicionado tras el grueso error de Roberto, un guardameta sin confianza que ha sepultado al solvente debutante que ocupó la portería blanquiazul el pasado curso.

El fútbol, como deporte de grupo, consiste en aunar virtudes para intentar ser mejor que el adversario. Pero si tu equipo siempre se resquebraja por el mismo lado, la fe en el compañero desaparece y, con ella, se multiplica la posibilidad de que germinen aún más errores. Por eso preocupa, por encima de otras muchas cosas, que el encuentro de ayer deparase varias acciones en las que los defensas prefieren ‘jugársela’ a hacer intervenir a un portero que, una semana sí y otra también, ha fijado su residencia habitual en el escaparate de los señalados.

Para no seguir hurgando en la herida y con el deseo de que alguien encuentre, más pronto que tarde, el modo de reconducir una situación crónica y dolorosa desde hace varias jornadas, diré que el Tenerife mereció ganar ayer, por fútbol y por ocasiones. Cierto es que el primer tiempo dejó poco más que el soberbio tiro de Carlos Ruiz al palo y los habituales problemas para, una vez que se tiene la posesión, tratar de construir algo distinto a buscar a Suso para que la ponga una y otra vez desde la derecha. Pero también fue tangible que los cambios introducidos ayer por Cervera son capaces de aportar cosas distintas y que el Alavés escapó loco del Heliodoro.

Repitió el técnico alineación ayer por tercera semana consecutiva. Y el partido planteado por el rival le descubrió primero que le sobraba un centrocampista y, tras la expulsión del jugador vitoriano, hasta un defensa. El trivote es el sistema ideal cuando enfrente tienes a equipos que juegan al fútbol sin complejos (Osasuna, Barcelona B o Zaragoza), pero se antoja excesivo cuando el rival es del mismo pelaje que el Alavés de ayer. Especialmente porque te coarta en exceso tanto la frecuencia de llegadas al área adversaria como el número de futbolistas que pueden finalizar la jugada.

Quizá el antídoto a este tipo de partidos esté en la diversificación del repertorio, con Aridane entre líneas, Rivero en tareas de distribución y la capacidad asociativa de Dávila como principales argumentos para desnivelar la balanza. A Cervera, incluso, le quedaría la posibilidad de la velocidad de Guarrotxena, que puede resultar igual de válida que cualquiera de las tres opciones planteadas anoche.

Ante el Llagostera, en cambio, no habrá opción para una cuarta ocasión. La baja de Vitolo por sanción (con el que el Tenerife gana en salida de balón cuando actúa como central, pero pierde defensivamente si tiene que medirse a un delantero con muchos centímetros) abrirá otra vez el abanico de posibilidades para que el técnico logre dar con la tecla de fabricar un once que siga alimentando la racha actual de 7 puntos sobre 9 posibles. Lo deseable, independientemente de la elección de Cervera, es que ahora que el Tenerife mira a la zona de descenso con un poco más de lejanía, empiece a escribir por fin la historia de este curso de forma lineal y no cíclica. Pero, para eso, debe desaparecer también el miedo al eterno retorno en otro error del portero.