por @juanjo_ramos
El Tenerife NO es un candidato al ascenso. Concepción NO ha puesto toda la carne en el asador en este proyecto. Martí NO tiene ni idea de dirigir un equipo y NO se entiende cómo es posible que siga al frente del equipo. La plantilla NO es tan buena como se decía. Por tanto, Alfonso Serrano NO es tan buen director deportivo como pareció cuando trajo a Amath, Gaku, Aarón Ñíguez… El vestuario NO es una balsa de aceite. Los veteranos NO han sabido facilitar la adaptación de los nuevos y aceptar, en algunos casos, su cambio hacia un rol más secundario. Los nuevos NO están poniendo todo de su parte para adaptarse. Esta temporada, en definitiva, NO es la del ascenso. NO se puede aspirar a algo más ambicioso que la permanencia. NO se puede estar orgulloso de este equipo como sí estábamos en junio. NO sigue vivo el espíritu de Los Rodeos.
Todas estas cosas se han podido leer en las redes sociales o escuchar en las tertulias de las distintas emisoras radiofónicas de la Isla. Pero ese panorama tan desolador que pintan es, a mi juicio, exagerado. Sucede que, como he explicado en otras ocasiones, convivimos con la Ley del Péndulo. Aquella que pinta todo como excelente o catastrófico, blanco o negro. Sin término medio, sin matices, sin grises. Ocurre que, en momentos como los posteriores a la derrota del pasado domingo ante el Barcelona B, conviene respirar antes de hablar. Hacerlo permite reflexionar, repensar lo que se va a decir más desde las vísceras que desde un análisis más pausado.
Resulta evidente que este Tenerife sigue sin hallar un nivel de funcionamiento aceptable y está lejos de lo que desearíamos. Pero el club ha puesto en manos de Serrano y Martí un presupuesto de candidato. ¿Se ha equivocado en algo el club? Sí, en hablar de ascenso directo metiendo una presión añadida al equipo. Resulta también que Serrano ha cumplido mejorando notablemente la plantilla. La mejor prueba es responder a una pregunta: ¿De cuántos fichajes de este año se desprenderían para el año que viene sin dudar? ¿Uno? ¿Dos? Les recuerdo que a la mayoría nos parecieron acertadísimos en agosto.
Puede que la cadena se rompa en Martí. Pero si este entrenador llevó al equipo a un gol del ascenso, ¿por qué dudar de su valía ahora? Otra cosa es considerar que ya es incapaz de retomar el rumbo correcto. O dudar de su gestión en estas 22 jornadas. Pero no será porque no sepa. ¿Y los veteranos? ¿De verdad han dejado de ser útiles siete meses después de pelear por un ascenso en Getafe?
Conviene preguntarse a uno mismo dónde pensábamos en agosto que iba a estar el Tenerife para darnos cuenta de que también estábamos equivocados. Porque de eso va la vida. De acertar y equivocarse. Nos equivocamos todos: club, director deportivo, entrenador, jugadores, periodistas y aficionados.
Queda tomar una decisión: seguir pegándole patadas al árbol o ayudar a que se recupere o comprobar si, con la medicina contraria (la paciencia), todo lo que nos parece malo nos hace cambiar de opinión. Como de agosto a enero. Pero en sentido contrario.