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Espoleado

Por @rondoscutillas

El Tenerife ha vuelto. Y ya está ahí. Sigue la estela de los equipos que hasta hace poco le sacaban un mundo y ahora, amparado en tres victorias consecutivas, tiene la oportunidad tangible de, si gana en Soria, mirar por el retrovisor al Numancia, su próximo rival. El triunfo ante el Oviedo (3-1), otro adversario solvente, y la contundencia con la que despacha al visitante de turno del Heliodoro amparan las razones para seguir creyendo en un grupo que antes del Carnaval parecía haberse rendido.

El tiempo ha dado la razón a los que propiciaron el relevo en el banquillo del Heliodoro y hasta el vestuario reconoce, cada vez de manera más abierta, que el nivel de exigencia ha subido y que antes, quizá inconscientemente, se habían acomodado.

La semana pasada escribía sobre sensaciones y en esta me gustaría poner el acento sobre la meritocracia con la que se realizan las alineaciones. Sé que cada uno tenemos nuestros gustos en cuanto al estilo de jugadores que preferimos ver de titulares. Pero, ahora, es raro echar una mirada al banquillo y reconocer entre los suplentes a alguien que pueda aportar más que los once elegidos. El que suscribe estas líneas, al menos, es incapaz de admitir que cualquiera de los que lleva chándal correría más que el que tuvo la oportunidad de pisar el césped de entrada. El que se esfuerza, no racanea y se deja la vida, juega casi seguro. Así de claro.

Etxeberría considera que no hay mañana y hace bien. Sobre todo porque frenar ahora, cuando la dinámica es vertiginosamente favorable, sería un suicidio deportivo para la evolución de esta remontada que los blanquiazules están describiendo en las últimas semanas. Esa intensidad, unida al músculo que exhibe en los metros finales con Longo, Mula, Acosta y Milla, ha catapultado al Tenerife hacia la zona en la que todos queremos estar.

Y, ojo, el equipo sigue sumando victorias tras reponerse a la baja de Villar, que era su jugador diferencial cuando se lesionó en Tarragona. Y, en el colmo del más difícil todavía, tendrá que seguir haciéndolo esta semana sin el concurso del onubense, sin el criterio de Alberto en la medular y sin el buen momento por el que atravesaba Carlos Ruiz en el eje de la zaga.

El desafío del domingo es también considerable porque los blanquiazules van a medir sus fuerzas contra el cuarto equipo de Segunda que más gana en su casa y, lo que es peor, contra el que menos encaja de toda la categoría junto a Huesca y Cádiz (8 goles en 14 partidos). De esas 14 citas, los sorianos, además, terminaron con su portería imbatida en 10 de ellas, lo que da una idea de lo complicado que es anotar un gol en Los Pajaritos.

Para el Tenerife es una tortura jugar de visitante. Se siente incómodo y, con esos antecedentes, sería inadmisible salir como hace dos semanas en el Nou Estadi. Allí compareció sin el brío habitual de esta nueva etapa y el Nástic lo devoró en los primeros 15 minutos.

Sería un error enorme repetir otra vez los vicios que lo han hecho tropezar más de lo debido fuera de casa por salir con una actitud demasiado contemplativa. Sobre todo porque el Numancia tiene mucho más potencial que el rival del último desplazamiento. Y porque, si se quiere continuar siendo protagonista, no se puede estar a expensas de recibir un par de coces del adversario, en forma de ocasiones regaladas, para que el Tenerife se sienta, por fin, metido en el partido y espoleado.