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Esperanzas, por @rondoscutillas

Se acabó el verano. Sé que aún es 17 de agosto y que el termómetro sigue registrando los parámetros habituales de estas fechas estivales. La gente va en manga corta por la calle y las playas continúan atestadas de bañistas. Pero en mi interior hay algo que me dice que este verano se ha extinguido. Al menos para mí.

Para aquellos locos como yo, cuya vida está gobernada por el fútbol, estamos en los días previos al nuevo año. Vivimos los preparativos de esta Nochevieja con cerveza y sin champán, descamisados para sentarnos ante la televisión a ver el primer partido de la temporada.

Es tiempo de llamadas. De quedar con tus habituales compañeros con los que compartes sofá cada quincena para sufrir juntos. Reflexiono sobre por qué me comporto así. Y mi cerebro me responde que ver el fútbol acompañado, con ese sentimiento de unidad, disminuirá los daños que genere en mi organismo cada aproximación del Córdoba al área de Dani Hernández.

Sí. Por fin ha llegado la hora de que las victorias valgan tres puntos. Esto ya va en serio. Las sensaciones dejan paso a las emociones. Y las sospechas de pretemporada abandonarán el terreno de juego para ser sustituidas por las certezas, en ese cambio que pedíamos a gritos desde que el balón echó a rodar, en plan simulacro, en los últimos días del mes de julio.

Todo está preparado. O no. Las dudas me asaltan. Falta un delantero. O un mediapunta. Alguien que las meta. Me repito a mí mismo que los partidos se ganan en las áreas, mientras rezo porque la alarma del Twitter me regale, en forma de fichaje, la pieza del puzzle que me dará tranquilidad y confianza. Qué caros cuestan esos valores cuando tus referencias ofensivas están una en Maracaná y la otra en el taller por una patada que pudo haberse evitado.

Espero que a la pieza que se encuentra en reparación no le dé por irse. Ahora no. Me niego. Los que mueven los hilos de su carrera deportiva creen que el Heliodoro es para Nano lo mismo que una pecera para un tiburón. ¿Dónde va estar mejor que aquí? No lo entiendo. Y se les ocurre querer sacarlo, ¿ahora? ¿no han tenido dos meses para hacerlo? Qué oportunos estos chicos de Promoesport.

Si yo fuese su agente dejaría que el tiburón creciese un año más aquí antes de soltarlo en el océano de Primera. En la isla, Nano puede convertirse en el abanderado de un equipo que debe aspirar a algo más que a ser el eterno aspirante de los últimos años. La frontera de la quincena de goles no es una quimera inalcanzable para él. Y menos con un equipo ensamblado para que desarrolle todo su instinto anotador y con una afición entregada a su nuevo ídolo. Al niño que creció aquí, siente el escudo y lo besa después de cada gol con la blanquiazul. Nano se plantaría en el verano de 2017 con un cartel superior al que tiene ahora y con solo un año de contrato por delante. Y quizá, en ese escenario, el Tenerife sí tendrá un problema gordo.

Esto arranca. Por fin. El Tenerife pudo llegar a la línea de salida con más argumentos. Pero es lo que hay. Al menos por ahora. Toca remar. Aplaudir. Gritar. Sufrir. Y emocionarse. Me doy por satisfecho si en el avituallamiento de la jornada 10 estamos en playoff. O a no más de cuatro puntos de distancia del sexto. Todo lo contrario sería reincidir en errores pasados. Porque aquí hemos aprendido, por desgracia, a que el maratón de Segunda no se gana en el primer tramo de la temporada. Pero sí se pierde. O, al menos, casi todas las ilusiones y las esperanzas.