Por @juanjo_ramos
Resulta difícil describir en unas pocas líneas la gran cantidad de sensaciones que estamos viviendo en estas semanas de playoff. La temporada ha sido larga. Como siempre en Segunda. Pero hasta ahora nunca habíamos tenido el premio/suplicio de vivir unas eliminatorias.
El 1-0 de Carranza tuvo que ser procesado a toda velocidad porque, apenas tres días más tarde, se hacía necesario generar el ambiente propicio para que la remontada fuera una realidad. No sin sufrimiento, se consiguió. Pero tres días más tarde llegaba el Getafe a la Isla. Objetivo: viajar a tierras madrileñas con ventaja. Y se consiguió, con algo menos de sufrimiento, pero acumulación de cansancio. De nuevo, tres días de separación (Ya solo quedan dos) para afrontar el duelo de vuelta, el último, el decisivo.
Desde anoche, pienso en mil escenarios distintos. Empiezo por el ideal: que el Tenerife salga mandando y se adelante en el marcador. Un gol de los blanquiazules les pone el ascenso prácticamente en bandeja y desanima a la parroquia local. Sigo por el probable: el Getafe empieza apretando y el Tenerife soporta, aunque sufriendo, su embestida inicial. Partido largo, con pocos goles… O ninguno. Se me pasa por la cabeza el peor: gol de los locales muy pronto y los de Martí con muchos minutos por delante para empatar y evitar que se reproduzca el escenario de la eliminatoria contra el Cádiz, pero al revés.
Lo que si sé es que este equipo va a ser competitivo porque lo ha sido siempre, que los once que salgan lo van a dar todo para consumar el sueño, que los que vayan a Getafe se van a dejar la garganta animando a los blanquiazules. Y que haga calor o no, el día de San Juan tiene que ser mágico para el Tenerife. Aunque las hogueras hayan sido la noche anterior. Ahí solo hay que quemar la Segunda División para dar la bienvenida a la Primera.