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Es mi equipo (19-2-15)

Por @juanjo_ramos

Nos jugamos el futuro en los próximos meses. Escribo en primera persona del plural porque un descenso del CD Tenerife no supone que estos jugadores sean muy malos, los entrenadores no tengan ni idea y los dirigentes deban irse. Eso es puntual, seguramente una generalización injusta y sin demasiada influencia para la próxima temporada. No es eso lo realmente importante.

Pero para la entidad puede ser el final. Volver a Segunda B sería una herida casi de muerte. No por los 19 millones de euros que arrastra en números rojos, sino por las dificultades para afrontar los pagos en la coyuntura económica actual y después de refinanciar su deuda durante los dos últimos cursos.

También para el aficionado que volvería a madrugar un domingo para estar a mediodía en el Heliodoro y ver a los rivales haciéndose fotos sobre el césped. Amorebieta, Leioa o Tudelano son algunos de los candidatos a visitar la Isla a partir de agosto. Treinta y ocho semanas para jugárselo todo en una eliminatoria. En el peor de los casos, hasta en tres.

Incluso, para los medios de comunicación. Porque, no nos engañemos, cualquiera prefiere narrar o hacer crónicas de partidos de superior categoría y en estadios mejor preparados para el trabajo. Sin olvidar la parte comercial. La competición en Segunda B es difícilmente vendible y, como consecuencia, poco rentable. Un ejemplo: antes del último descenso a la categoría de bronce, viajaban seis o siete periodistas con el Tenerife (en Primera una docena). Ahora somos tres. Hay cosas que ni con el retorno al fútbol profesional pueden retomarse.

En definitiva, estamos ante un tramo de Liga decisivo para todos. Y aunque depende casi en exclusiva de esos señores que visten de corto y el que les da instrucciones desde el banquillo, no es menos cierto que una ayudita pueden recibir desde fuera.

Se trata de generar un ambiente distinto al que hemos vivido en los últimos siete meses. De abandonar el fatalismo. No pretendo que nos convenzamos de que esto es el País de las Maravillas. No se trata de callar lo que se hace mal, sino de recordar algo que hemos olvidado con relativa facilidad desde verano: este es nuestro equipo.

Dejar de ir al Heliodoro sin que medie un motivo de salud o una imposibilidad económica es una elección absolutamente respetable. Pero también es respetable que yo piense que así no se ayuda al Tenerife ni se es mejor aficionado. Que es fácil ir cuando las cosas van bien. Y que es ahora cuando se pueden hacer demostraciones de fuerza que dejen boquiabiertas a otras aficiones.

La afluencia de espectadores al Estadio y este clima de pesimismo y, como he escrito con anterioridad, autodestrucción no aporta nada. Si acaso un desahogo. Olvidemos las excusas. Las razones de poco peso como la presencia de un presidente en el palco, un entrenador en el banquillo o un grupo de jugadores que no practican el fútbol deseado ni obtienen los resultados exigidos. Por encima de todo eso, debería (perdón si les ofendo) reinar algo más importante: ese que tan mal lo hace en todas las facetas… ¡ES MI EQUIPO!

P.D. Todo lo que no sea superar los 10-12.000 espectadores el domingo ante el Valladolid será un fracaso del club como club… y de la afición como afición.