Redacción Deporpress | El Tenerife ya es un equipo complicado de ganar. Esa es la mejor noticia de la eliminatoria de este domingo ante el Villarreal, uno de los trasatlánticos de la Primera División española. Un rival de nivel Champions que se presentó en la isla con una hoja de ruta (solo una derrota en sus últimos 23 partidos oficiales) que presagiaba un coser y cantar para los de Emery.
Nada más lejos de la realidad. Los blanquiazules obligaron a que los castellonenses tuviesen que pisar a fondo el acelerador para solventar la cita. E incluso resistieron, amparados en la fortaleza defensiva que ha instaurado Ramis en el último mes, hasta el minuto 89.
El Tenerife no hizo sufrir al Villarreal, pero sí lo obligó a poner sobre el Heliodoro a toda su artillería para sellar su pasaporte. Los isleños plantearon un partido muy serio. Conscientes de su inferioridad, defendieron en su finca y no se desgastaron con la presión en bloque alto porque, previsiblemente, hubiese acabado en un baile ante la mayor calidad del adversario. Juntaron líneas. Fueron solidarios y se esmeraron en mantener la concentración, un valor cada vez más al alza, en un equipo que hasta antes de Navidad solía hacer varios regalos en cada partido.
Sabía Ramis que no podía hacer concesiones si quería que su equipo siguiese ileso en el partido. Dani Hernández, inesperado titular en detrimento de Ortolá, entendió el mensaje y le negó el gol al Villarreal cuando los de Emery iniciaron su asedio. Los blanquiazules habían cumplido con su primer objetivo. Lograr que el encuentro fuese pasando sin agobios y que no ocurriese prácticamente nada, excepto el orden con el que seguían sumando más de 500 minutos con la portería imbatida.
Los banquillos terminaron por decidir la eliminatoria. El Villarreal mejoró con cada jugador que ingresaba en el terreno de juego y el Tenerife perdía potencial en el carrusel de cambios. Normal. Porque la diferencia entre una plantilla y otra es absolutamente abismal. El partido, al final, se decidió de la única manera que podía hacerse. En una acción aislada. Una genialidad. Un taconazo de espaldas a portería de un chico de apenas 20 años llamado Fer Niño del que, seguramente, seguiremos oyendo hablar en los próximos años.
El Tenerife, esta vez, tuvo mala suerte en el sorteo. Cualquier rival, menos el Sevilla o el Villarreal, lo hubiese pasado realmente mal en el Heliodoro y, posiblemente, habría engrosado el listado de víctimas de superior categoría de los isleños en el torneo copero. Pero, esta vez, tocó un equipo bueno que, además, está muy bien.
Con todo, los blanquiazules dieron la cara y cayeron con honor. Pero la Copa nos sigue debiendo una. El año pasado, el Tenerife tuvo un desenlace cruel con el Athletic en un partido en el que hicieron muchos más méritos que hoy para pasar a la siguiente ronda. Lo único doloroso es que, como entonces, la eliminación se gestó otra vez en los minutos finales. Una lástima. Pero así es la Copa y sus malditos epílogos.