Redacción Deporpress| Salvador García Llanos es uno de los periodistas que mejor conoce la historia del Tenerife. Siguió al conjunto blanquiazul durante casi tres décadas y conoció, de primera mano, los sinsabores de aquel equipo irredento, como él mismo lo bautizó, que sobrevivió a momentos muy oscuros.
Hoy, como entonces, sigue con pasión todo lo relacionado con el club de sus amores. Optimista por naturaleza, el presidente de la Asociación de la Prensa de Tenerife (APT) es una de las voces más autorizadas para enfocar, desde su particular prisma, el estado actual de la entidad.
En una conversación con DEPORPRESS, mantenida justo después de las pérdidas de tres símbolos como Pedro García-Sanjuán, Ñito y Lope Acosta, el periodista portuense aborda múltiples temas y vislumbra un futuro mejor que el actual para el club. Para ello, recomienda abrir un debate sobre el modelo deportivo y, sobre todo, tener más paciencia.
Deporpress: El Tenerife ha cerrado una semana buena en lo deportivo, pero descorazonadora en lo luctuoso con los recientes fallecimientos de Pedro García-Sanjuán, Ñito y Lope Acosta
Salvador García Llanos: La pérdida de personas vinculadas al club siempre comporta una tristeza y es una circunstancia muy dolorosa. Todos ellos fueron personas que se ganaron el afecto y el respeto de todos. García-Sanjuán sobresalió por su cordialidad. Ñito fue una leyenda en la historia deportiva del club. Y Lope Acosta, lastimosamente, también se ha marchado en los mismos días. Es una verdadera pena que llena de desazón al tinerfeñismo».
DP: Usted guarda muy buenos recuerdos de Ñito y conoció su trayectoria muy de cerca
SGL: Así es. A Ñito lo recuerdo desde la etapa en la que venía de portero a El Peñón, cuando él jugaba en el San Andrés. En aquella época, se armó un gran revuelo con su traspaso al Granada y luego fichó también por el Valencia, donde coincidió con otro tinerfeño como Nolito Hernández Sánchez. Fue un portero singular. Jugaba fuera del área, tenía personalidad y se desenvolvía bien jugando incluso con las dos piernas, algo muy raro en aquella época. Luego ya lo traté más en su etapa de supervisor técnico del Tenerife, cuando su misión era ir a ver los partidos de los rivales con los que jugaban los blanquiazules en la siguiente jornada. Hacía informes en los que especificaba todas las características de los adversarios. Siempre fue un hombre respetuoso y, como profesional, tenía un gran pragmatismo futbolístico. Expresaba su opinión y fue muy útil al club en la faceta que le mandasen».
DP: ¿Qué le parece la trayectoria que está describiendo el Tenerife esta temporada?
SGL: Estamos ante un equipo irregular. Incluso más que sus antecesores. Comenzó la campaña con el rumbo perdido y, tras el cambio de entrenador, se ha ido enderezando a duras penas. Se ilusionó a la afición, pero no termina de cuajar esa solidez y no tiene vitola de equipo aspirante. Lo esencial es garantizar los 50 puntos que darían la salvación y, una vez ahí, ya después habría que ver si da también para algo más. Lo peor de esta situación es que el Tenerife está en un lugar en el que, a estas alturas de la temporada, es una zona de nadie. La mayoría de los equipos que están ahí viven una etapa de indiferencia y en la que se juega prácticamente sin motivación. Por eso supongo que, de aquí al final, puede haber actuaciones destacadas y también horripilantes».
DP: ¿Cuál es, a su juicio, la razón de esa irregularidad que describe?
SGL: «No hay plantilla para más. El Tenerife viene, desde hace varias temporadas, repitiendo el mismo fenómeno. Engrosa el plantel con jugadores que prometen y tienen experiencia en la categoría, pero no forma un conjunto homogéneo. Los entrenadores se relevan uno tras otro y, antes de su cese, cometen incoherencias en las alineaciones. Lo peor es ese clima de desconfianza que se genera ya que este Tenerife a veces, vaga en el campo y, en otras ocasiones, acredita estar preparado para empresas más altas que, al final, no terminan de cuajar».
DP: ¿Cómo ve el futuro blanquiazul entonces?
SGL: «No soy pesimista. El Tenerife viene reuniendo jugadores que, a título individual, destacan. El problema es que también deben rendir aquí. Hay que ser exigentes porque el club ha invertido en unos futbolistas que, en la gran mayoría de los casos, no han demostrado el nivel que tenían cuando los contrataron. La ausencia de espectadores en el estadio también ha perjudicado esta temporada. Desde mi punto de vista, el problema se llama definir el modelo. Ahora se ficha a profesionales con experiencia, pero quizá nos olvidamos de la cantera y desconfiamos de ella. No concedemos oportunidades a los que pueden hacerse con un hueco en la primera plantilla. No terminamos de acertar con ese modelo. Con la cantera, una racha adversa de tres o cuatro partidos ya incomoda a la gente y aparece la desconfianza en sus posibilidades. Por eso, lo mejor sería reflexionar desde la sensatez y establecer el debate sobre el modelo deportivo a seguir. Si se quiere aspirar a cotas altas parece complicado que haya tolerancia con la cantera y, aunque se apueste por esa filosofía, siempre hay que fortalecer determinadas demarcaciones a través de la inversión».
DP: Lo que ocurre también es que parece difícil aspirar a un ascenso con la ventaja económica con la que llegan los equipos recién descendidos de Primera y el asunto de los topes salariales
SGL: «Cada vez es más complicado porque la evolución futbolística, desde el punto de vista de la planificación deportiva, topa con dificultades realistas que tratan de poner las cosas en su sitio para evitar desmanes de los dirigentes. El club tiene una masa social fortalecida, que puede mejorar las prestaciones y forjar lo que pretende el club. Este Tenerife solo necesita más paciencia, desde el punto de vista de los resultados, para que se demuestre con hechos los fundamentos que hay. En ese sentido, fortalecer a la sociedad, desde el punto de vista de la paciencia, es una asignatura pendiente»
DP: Antes hacía referencia al modelo deportivo del club. Si estuviese en su mano, ¿cuál sería su propuesta?
SGL: «Apostaría por la cantera. Es verdad que, en ocasiones, supone una especie de lotería con rachas buenas y rachas malas. Pero un club insular tiene que confiar en los recursos que sea capaz de labrar a lo largo de su planificación deportiva. Sin cantera, difícilmente se podrá mantener un equipo con aspiraciones y que tenga una base sólida cuando las incorporaciones demuestren un rendimiento anodino o poco operativo. Hay que confiar más en la base. Hay instrumentos de sobra para ilusionar a los canteranos e ir forjando jugadores. Pero, para que eso ocurra, es necesario tener paciencia y confianza. Sin eso, jamás llegarán a triunfar los jugadores que vengan desde abajo».
DP: ¿Considera que ese giro hacia lo local incrementaría el nivel de identificación de los aficionados con el Tenerife?
SGL: «Indudablemente. El Tenerife lleva varios años en la categoría donde le ha costado. Hay que ser conscientes de que subir a Primera División es un proceso costoso. Optaría por una renovación. Algo que suponga un rearme moral y luego, indudablemente, habría que acertar más con el rendimiento deportivo. Para que eso llegue hay dos factores esenciales, la confianza y la paciencia. Pero hay que lograr que la afición se identifique más con el proyecto».
DP: ¿Qué le parece el fútbol actual y el giro que ha tomado en los últimos años? ¿Le preocupa la tendencia de que todo se base ahora en destruir más que en crear»
SGL: «Aquí hablaría de resultadismo. Eso es lo que prima ahora. Si vienen resultados adversos, la gente pierde la paciencia y la confianza. A mi juicio, el conservadurismo se va imponiendo porque lo que importa es el resultado. Los entrenadores se contagian y van en busca de ellos. Quieren consolidarlos como sea, aunque no haya brillo en la cancha. Pero la gente, en el fondo, quiere ver fútbol y recursos tácticos. Los equipos que no juegan con esas premisas resultadistas, debido a esas debilidades deportivas que tienen en sus plantillas, están condenados a la irregularidad e incluso a perder la categoría en esta Segunda División tan competitiva».
DP: Usted conoce la historia del Tenerife como pocos y nos gustaría conocer cómo valora el enfoque que le ha dado la entidad a su centenario
SGL: «El centenario del club es un resorte estupendo para sustanciar la identificación de la sociedad con el espíritu de ese Tenerife que quiere destacar en el fútbol español. El centenario es un factor que une voluntades, aglutina sentimientos que están basados en la historia y constituirá un aliciente relevante. Espero que así suceda. No solo porque rescata aspectos memorables de la entidad, sino que también debería impulsar un acercamiento de los aficionados y que los futbolistas sean consecuentes con el momento que van a vivir. Lo veo como un estímulo considerable para mejorar el rendimiento e intentar ser un equipo relevante y con aspiraciones».
DP: Hablaba antes de cantera y aquí siempre surge el eterno debate y la comparación con el eterno rival de la isla de enfrente. ¿Es usted de los que piensa que aún hay cierta ventaja en esta materia por parte de la UD?
SGL: «Se va equilibrando, pero Las Palmas está haciendo un trabajo muy serio con la base. En el primer equipo han ido reduciendo el número de incorporaciones. Todo parte de una concepción del modelo, ya que la UD tuvo la virtud de unirse solidariamente a sus colores y han jugado, con todo lo que les permiten las circunstancias futbolísticas en estos momentos, para apostar por ella. Sufrieron un gran traspié con el ascenso frustrado contra el Córdoba y, desde entonces, están intentado reponerse. Lo importante es que siguen sacando futbolistas destacados, pero allí, como aquí, también falta algo de paciencia».
DP: Usted acuñó, hace décadas, el término irredento Tenerife. ¿Sigue aún vigente esa falta de redimirse?
SGL: «Lo de irredento surgió tras seguir la trayectoria del club, tanto a nivel deportivo como institucional. Fue en una etapa en la que se había generado un clima de cierto escepticismo alrededor del club. Ha habido ocasiones para superar ese adjetivo pero, cuando las cosas no vienen bien dadas, siempre sucede lo mismo y nos acordamos de rachas negativas y frustraciones. El Tenerife, en ese sentido, está lastrado por urgencias históricas que aún debe superar».
DP: ¿Es el ascenso el único camino hacia la felicidad?
SGL: «El ascenso o la militancia en Primera División permitiría afrontar las cosas de otra manera. El paisaje sería diferente y tanto el centenario, como acontecimiento ilusionante, como otros aspectos de la consolidación de la sociedad en Primera División, serían muy estimulantes. No sería lo mismo que visiten el Heliodoro los grandes equipos, como sucedió durante toda la década de los 90, que lo que tenemos con el panorama actual. No hay que olvidar tampoco que el fútbol es un negocio, pero también genera muchas cosas, tangibles e intangibles, a su alrededor. Confiemos en que esa conquista se produzca lo antes posible».
DP: Si llega ese momento alguna vez, ¿ve al Tenerife capacitado para repetir otra década prodigiosa en Primera?
SGL: «Mantenerse en la élite es muy complicado. No solo por los recursos limitados que tiene la entidad, sino también porque la mayoría de los rivales a los que nos encontraríamos en Primera tienen un cartel y una historia que suele ser mejor que la nuestra. Para repetir algo tan bonito como lo que sucedió en los 90 habría que tener una estabilidad deportiva e institucional que haga del Tenerife un grande».