No creo que este aire viciado y extremadamente contaminante guste a nadie; aunque también es verdad que hay quien se mueve cómodo en terrenos pantanosos y en tierra hostil. Porque en eso se ha convertido últimamente el Heliodoro, la casa de los blanquiazules y un lugar donde los que vamos, acudimos a pasar un buen rato y animar a nuestro equipo; en mi caso a contar para otros que están al otro lado de la radio lo que sucede con la mayor fiabilidad posible y con ese apasionamiento que a veces nos ciega. No discrepo de los discrepantes, porque yo mismo discrepo de muchas cosas, pero a medio camino entre la acidez y la aceptación debe encontrarse algo que nos ayude a razonar un poco mejor. El CD Tenerife es una aleación de sensaciones.
Para muchos, entre los que me incluyo, es algo mas que une entretenimiento. Por eso creo firmemente en que no hay mayor lupa que la que se pone desde la critica sosegada. Pero nos dejamos llevar, y muchas veces en caliente, y otras con una frialdad que da miedo, sacamos a pasear el ultra que llevamos dentro. No pienso juzgar a nadie porque no soy quién para hacerlo, pero si me atrevo a preguntarme en voz alta qué nos ha traído hasta este clima bélico, irascible y de desilusión con el que vamos al Heliodoro. Mi opinión es que hemos entrado en un punto de no retorno, y tal y como se devoró a Javier Pérez y a Víctor Pérez de Ascanio, ahora se hace con Miguel Concepción, quien no ha sabido rodearse de profesionales mas aptos para manejar situaciones complejas, que en fútbol hay muy a menudo.
Este punto de no retorno, del que creo que no saldremos hasta que se abra la puerta y entre aire fresco, nos lleva a una guerra civil permanente en la que todo vale, y que, en cierta medida es normal. El fútbol es debate y discrepancia. Eso demuestra que está vivo, pero también tolerancia con el que no opina como tú. Eso se ha perdido y por eso el Heliodoro es esa tierra hostil que mas que césped se convierte en un campo minado para los futbolistas. Errores, muchos los de esta gestión, que merecen ser reprobados mas allá del respaldo accionarial, que es tan abrumador como irreal; pero al mismo tiempo no olvidemos que se puede opinar y discrepar sin que te etiqueten en un bando o en otro. Mi bando es el blanquiazul y ese no tiene rendición alguna por encima de los intereses de unos o las dudas de otros. Dicho lo cual, el aire fresco que sea brisa marina a ser posible.
Óscar Herrera