por @juanjo_ramos
En la bajadita están esperando a Álvaro Cervera sus detractores. Unos, los más limpios, por simple diferencia de criterio futbolístico. No les gusta el fútbol que practica el Tenerife. Creen que resulta insuficiente para aspirar al ascenso y se quejan, justo ahora que las cosas no van como deberían, hasta con cierta razón. Es verdad que se apresuran, porque solo han transcurrido dos jornadas, pero tienen derecho (por supuesto) a expresarse.
Al amparo de la derrota en Ponferrada y el empate en casa ante el Albacete surgen los otros, los del descontento personal. Porque el técnico no les cae bien, porque se han marchado muchos canteranos y son defensores acérrimos (casi fanáticos) de los jugadores locales, porque no les concede entrevistas o porque no se deja asesorar, influir o lo que sea. Estos tienen menos derecho y hacen más daño. Pero no hay ley que les prohíba obrar así y, por tanto, campan a sus anchas. En su conciencia queda.
En esa misma bajadita esperan también a Alfonso Serrano los defensores de Quique Medina. No sus amigos ni la gente que le quiere de verdad. Porque ellos hacen como el exdirector deportivo blanquiazul: callar de forma respetuosa. No malmeter. Más bien son aquellos que se autoanuncian como amigos sin serlo. Los justicieros. Para ellos, Serrano es malo porque le apadrina Santiago Llorente, huele al régimen perista o se va a comer a los niños de la cantera. Cualquier patochada vale. No hace falta esperar el resultado de la temporada.
También allí (¡Mira que cabe gente en la bajadita!) esperan a Miguel Concepción los presidenciables. O sus adláteres. Aquellos que quieren estar sin estar. Trabajar en la sombra, no para servir, sino para servirse. Esos que, en ocasiones, ni siquiera se atreven a criticar directamente al máximo mandatario blanquiazul y desvían su punto de mira hacia algún colaborador cercano al que consideran un obstáculo para influir en el presidente.
Hay sitio hasta para los tuiteros que no tienen vida. Los que no opinan, sino que acusan. Esos que vigilan a los periodistas en twitter para censurar su nivel de crítica, para acusarlos de soportar una mordaza. Es curioso que te acusen de ser portavoz del poder justo cuando lo que quieren es que seas portavoz de sus pensamientos, anulando los tuyos. Pensamientos casi siempre demasiado radicales, poco reflexivos y nada argumentados para pasar a la boca de un presunto profesional de la comunicación.
Son elementos que cruzan la raya del respeto para descalificar o insultar. A menudo lo hacen escondidos detrás de una falsa identidad, creando cuentas troll que provocan risa o vergüenza. Luego se sorprenden si son bloqueados o ignorados. Porque además de hacerles caso, hay que aguantar el chaparrón. Los hay que ni siquiera tienen un pensamiento propio y actúan impulsados por cobardes incapaces de criticar de frente, decir las cosas a la cara o siquiera saludar.
Toda esa gente habita en la bajadita. Y yo no sé ustedes. Pero me da que ahí el aire no debe ser muy respirable y no caben mucha más personas. A mí, desde luego, que no me guarden el sitio.
P.D. Dejo fuera al canarión que te acusa de pleitista e insulta en tuits anteriores a todo lo relacionado con el CD Tenerife o al periodista amarillo que da lecciones de comportamiento sin dar nombres. De esos igual escribo la semana del derbi. Bueno, no. Que días de furia no tengo muchos. Aprovechen los críticos hoy.