Por @AleixValero
El CD Tenerife vuelve este próximo fin de semana (o lunes, a saber a estas horas) a El Molinón, un estadio que vivió en la previa del encuentro de la pasada temporada la semana más intensa del club.
Después de empatar con el Cádiz en uno de los mejores partidos de los 16 dirigidos por López Garai, el Consejo no quiso dar una nueva oportunidad, fulminando al entrenador en contra de la opinión de Víctor Moreno, que pasaría a partir de entonces a un segundo plano para la directiva.
En una decisión sorprendente y criticada, Sesé Rivero asumió con valentía el reto de sentarse en el banquillo contra el Sporting, pasando de dirigir el fútbol base, a hacerse cargo del equipo profesional cuando otros perfiles como los de Toño, Ricardo, o Quique Medina no fueron elegidos de manera interina.
No fue ni mucho menos el mejor partido de los blanquiazules el que jugaron en el escenario de la próxima jornada; de hecho la imagen no llegó a parecerse siquiera a la de la semana anterior contra el Cádiz, pero el equipo ganó. Con rabia y fe en la segunda parte tras sufrir lo indecible en la primera. Suso y Dani Gómez certificaron una victoria que calmaría, solo un poco, las turbulentas aguas de la isla.
Ya en esa semana se sabía que las horas (luego fueron un par de meses) de Moreno estaban contadas, y empezaron a surgir opciones sobre la mesa para la dirección deportiva, siendo la de Juan Carlos Cordero la favorita del presidente, que siempre tuvo en mente al ahora arquitecto de este proyecto.
El año de más que tenía Moreno al frente del equipo y la necesidad por arreglar la plantilla en el mercado de invierno (además de que Cordero tenía un frente abierto en Cádiz), solo retrasaron lo inevitable.
Once meses después, con cuatro entrenadores diferentes (Garai, Sesé, Baraja y Fernández), el paso de los dos directores deportivos y las numerosas altas y bajas en invierno y verano en la plantilla, el Tenerife visita al Sporting siendo todavía un equipo en construcción.
En aquel momento una bola de derribo había destrozado un proyecto que había nacido mal desde los cimientos. Había traído Moreno futbolistas de un perfil para un entrenador con otro diferente; el fracaso era cuestión de tiempo.
Y arreglarlo lleva su tiempo, y más después de la pandemia que ha afectado a todos los sectores, lógicamente también al deporte profesional. Pero Cordero, trabajando en silencio y ‘en el barro’, sin hacer ruido y perdiendo a tres titulares indiscutibles, ha sabido rearmar a un equipo al que ahora le toca al capataz Fernández dar forma.
Ya con todo el material de obra (léase Fran Sol, Ramón Folch, Valentín Vada, Nono y Zarfino poniéndose a punto…) en su poder, Fernández no puede permitirse el lujo de fallar en la entrega de la obra y, por el momento, el calendario lo tiene muy ajustado.