Redacción Deporpress | El Covid-19 se ha empeñado en colarse en la agenda de cualquier actividad de nuestras vidas, condicionándolo todo. Aquel virus que nos sonaba a chino -nunca mejor dicho- hace apenas ocho meses ha cambiado nuestra forma de ir a trabajar, dar un paseo o tomar un café en cualquier terraza. El miedo al contagio, los datos diarios de afectados, las mascarillas y demás medidas de protección se han convertido en una compañía imposible de burlar.
El fútbol no ha sido una excepción. Parada la competición entre marzo y junio, con un final de Liga exprés hasta finales de julio, un protocolo impoluto hasta que estalló el ‘caso Fuenlabrada’ y los vaivenes coyunturales posteriores han minado la moral de una industria que acumula el 1,35% del PIB.
Los clubes son ahora menos poderosos. Baste con echar una mirada a Primera, donde los 60 millones de euros del Barcelona por Pjanic (un mero artilugio contable porque vendió a Arthur a la Juve por una cantidad mayor) suponen el traspaso más alto del verano. No han llegado estrellas ni se han cerrado grandes operaciones. Hasta 34 de los 42 equipos del fútbol profesional tenían el tope salarial superado cuando acabó la temporada 19/20.
La noticia, que afectaba también al CD Tenerife antes del traspaso de Luis Milla, limita el campo de acción. LaLiga ha instaurado medidas transitorias en su control económico para permitir determinados movimientos. Se ha amparado, sobre todo, en las operaciones de traspaso. Aún así, el mercado camino lento. Con miedos.
Son mayoría los movimientos pequeños, con jugadores baratos y de categorías inferiores como protagonistas. El cero en ingresos por abonados y entradas, la huida de algunos patrocinadores por la crisis económica derivada del coronavirus y la falta de imaginación atenazan al fútbol.
La temporada 20/21 será la del fútbol televisado, con ambientes enlatados, cinco cambios, pausas de hidratación y escasas sorpresas. El débil es ahora más débil. Ni el factor ambiental le refuerza ya. El fuerte es el fuerte, pero sin regenerarse en muchos casos. La excepción llega en Segunda. Las ayudas por descenso, que ya fijaban abismales diferencias presupuestarias, colocan el cartel de ultrafavoritos a Espanyol y Leganés. El Mallorca, con solo un año en Primera, un poquito menos.
En la misma liga que los dos favoritos juega la UD Almería del jeque Turki Al-Sheikh. Entre el traspaso de Darwin Núñez y los petrodólares podrá hacer la plantilla que quiera. Por debajo quedan los frustrados del ejercicio anterior, Girona y Rayo Vallecano, a los que queda margen para un segundo esfuerzo. Tendrán más que el resto, pero menos que los tres anteriores.
A partir de ahí, empiezan los afectados. El Zaragoza debería estar al frente de la tabla. Pero su puesto clasificatorio, que supone una inyección económica interesante vía derechos de televisión, contrasta con las enormes pérdidas en abonos y entradas. El exblanquiazul Rubén Baraja estará al frente de un proyecto en el que primará la exigencia, como siempre. Y más después de quedarse a dos partidos del ascenso.
Pero es que esta siempre enigmática Segunda tiene otros obligados candidatos a luchar por las seis primeras plazas, como el Sporting, el Oviedo, Las Palmas o el propio Tenerife. La clase media/baja tampoco renuncia. Ahí estarán Fuenlabrada, Mirandés o Alcorcón.
Lugo, Albacete, Ponferradina, Málaga y los cuatro recién ascendidos (Cartagena, Sabadell, Logroñés y Castellón) firmarían hoy mismo la permanencia. Pero de esa última lista suele salir el equipo revelación cada curso.
Ingredientes viejos se suman, por tanto, al nuevo que trae el miedo al coronavirus para cocinar un plato no siempre fácil de digerir: la Liga Smartbank. Para el Tenerife, con dos retos: el de empezar bien por primera vez después de muchos años y el de alumbrar un proyecto renovado con Juan Carlos Cordero y Fran Fernández a los mandos.