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Emociones (31-12-13)

Por @beatrizpalmero

Uno de los grandes tópicos del estas fiestas, es hacer balance del año que se va y hacer propósitos de enmienda para el año nuevo que, al final, se quedan, la mayoría de las veces, en eso, simples propósitos. Desgraciadamente, es un tópico al que yo personalmente, no me puedo abstraer. Me descubro siempre repasando todo lo que ha sido este año, sonriendo ante los buenos recuerdos y apuntando los malos con el deseo de que no se repitan, aunque este deseo, mal que me pese, no depende de mí. O al menos en muchas cosas.

Y ,dejando a un lado lo estrictamente personal  -permítanme que deje la esfera de mi vida privada fuera de este artículo, estaría feo lo contrario- reconozco que el trabajo, afortunadamente, aún me deja momentos inolvidables. Casi todos ellos, como no, tienen que ver con el deporte, que, al mismo tiempo es afición. Debo admitir que, en ocasiones, es todo un privilegio vivir ciertos acontecimientos deportivos desde dentro, aunque no sean acontecimientos a escala nacional o internacional.

Y, en este 2013, el primer gran momento que me viene a la memoria, cómo no, es el ascenso del Tenerife. Bueno, si, sólo un ascenso a Segunda, pero más importante y necesario que logros mayores. Nunca olvidaré aquel sufrimiento en L’Hospitalet y la ilusión del millar de aficionados que se desplazaron hasta la Feixa Llarga. Ni las lágrimas de un siempre cuestionado Álvaro Cervera, hoy ya parte incuestionable de la historia de este club.

No fue el único momento emocionante que viví de cerca. La alegría en el vestuario de las chicas del Tenerife Isla Única tras conseguir la permanencia ante la gran Amaya Valdemoro es otra de esas estampas inolvidables, por lo familiar y sincero del momento. Porque la supervivencia de los pequeños clubes en deportes no mayoritarios es un milagro fácil de disfrutar. Y más sí hablamos de un siempre denostado deporte femenino que, ya ven, sin embargo nos da las mayores alegrías a nivel nacional: ahí tenemos a las Mireia Belmonte, las guerreras de balonmano, las chicas del Waterpolo, la sincronizada. Y no hace falta irse tan lejos para ver la superación de un deportista. Ahí tenemos a Michelle Alonso o Israel Oliver, campeones del mundo de natación paralímpica. Y siempre es un placer hablar con ellos. Emocionan.

Como emociona la sonrisa de Ayoze Pérez hablando de sus sensaciones en el Heliodoro tras deslumbrar en el derbi, la pasión y la sencillez con la que hablan los jugadores aurinegros del Iberostar -al fin- Tenerife, la disponibilidad de clubes como el Echeyde y el Uruguay, siempre merecedores de mas espacio en los medios del que les dedicamos, y tantas otras historias.

Es lo más bonito que deja el deporte. Lo más valioso. La emoción. Como la que sentimos cuando nos dejó María de Villota, admirable luchadora, o la que nos transmiten historias menos tristes, pero igual de valiosas. Esas emociones que dejan atrás fiascos como los de Madrid 202o (que 2014 traiga autocrítica a los españoles, amén) en los que mejor no entro porque no quiero terminar el artículo, ni el año, de mal humor. Así que mejor pongo punto y final deseándoles mil nuevas emociones, de esas que nos tocan el corazón, porque son ellas las que nos llenan la vida. Que así sea.