De ayer me quedo con la imagen de los chicos celebrando la victoria con los brazos arriba. Estampa que en miles de hogares se habrá emulado. Dos semanas consecutivas con una sonrisa tras 90 minutos de juego del Tenerife no es algo a lo que hayamos estado acostumbrado. Y eso es lo que me satisface.
Quiero que mi gente vuelva a sentirse identificado. Que los fines de semana sientan el hormigueo antes de cada partido. Que la palabra Tenerife, que el escudo blanquiazul y que las crónicas vuelvan a tener el respeto y la consideración a nivel nacional. Que volvamos a ser respetados. Ese respeto se logra sobre el terreno de juego, con un equipo comprometido que interprete que necesitamos recuperar nuestro lugar en el fútbol español. Ese equipo que lleva dos victorias consecutivas y que permite que nos hinchemos el pecho cuando hablamos con colegas: ¡Mi Tenerifito ganó!
Es normal que ahora se nos vengan unos recuerdos imborrables a la cabeza. Benítez en el Real Madrid, Martí en el banquillo blanquiazul, Curro Torres como uno de los técnicos con mayor proyección en la cantera de Valencia. Y tiren de cerebro más atrás si lo desean, ahora que es época de efemérides grandiosas como cuando le plantamos cara a la Juve o nos cargamos a los griegos con el gol de falta de Felipe desde la quinta puñeta.
Este es el Tenerife que quiero. Este es el Tenerife que deseo. Un Tenerife del que se hable y del que se vuelva a coger cariño. Es la hora de mantener la calma y no lanzar las campanas al vuelo. Por lo pronto ya hemos ganado en algo: hay un esquema y un objetivo. Martí ha comenzado bien y me alegro. Sobre todo por los que durante las horas previas anunciaron que no vendría y que todo era un bulo. Pues gracias Alfonso y Concepción por mentirnos. Bendita quedada.