por @juanjo_ramos
No puedo decir que me sorprenda el final del culebrón Nano. Llevo semanas hablando sobre el tema con mi amigo Iván Villanúa y conveníamos en que, salvo sorpresa, acabaría en otro club. De todos los actores que intervenían en esta historia, CD Tenerife y SD Éibar siempre tuvieron las ideas claras. Los unos querían al jugador a toda. Incluso, esperando al último día. Los otros siempre quisieron evitar que el delantero acabara en el club al que habían pagado 3,25 millones de euros hace solo un año.
Durante la partida, los dos han jugado sus cartas. Pero la sartén por el mango la tenía realmente Nano. Salvo que haya un jeque por medio, suele ser el futbolista el que decide dónde juega. Más aún si el equipo que posee sus derechos se lo quiere quitar de encima. Basta con una sutil amenaza: “Pues me quedo”. Se trataba de decir “no” a cualquier propuesta que llegara a las oficinas armeras. Salvo a la del Tenerife.
Entonces, apareció un inesperado invitado a la fiesta: el Levante UD. No dudo de que con esta elección, Nano aportó felicidad al interesado Levante, al aliviado Éibar y a sus agentes. La pregunta es si él está tan feliz como ellos. Si lo está es que ha olvidado pronto estos cuatro meses de insistencia, hasta con declaraciones públicas, en volver a la Isla. Si no lo está, habría que preguntarse cómo demonios ha acabado en Valencia.
Dos justificaciones nos han querido vender después del fallido intento de hacernos creer que la operación era un traspaso y no una cesión. La primera, que el Tenerife no apostó lo suficiente por Nano. La prueba, según estas interesadas fuentes, es que se fichara a Malbasic. Mentira. El club insular mantuvo su palabra y su apuesta. Estaba dispuesto a pagar la totalidad de la ficha y una cantidad extra. Disponía del dinero. La segunda justificación tiene que ver con la posibilidad de igualar la oferta del Levante. ¿Con la decisión de irse allí tomada? ¿Era necesario igualar algo si el jugador decía “no” al Levante?
Esta es la historia de una elección, libre (por supuesto) y meditada (espero). Señalar al Tenerife sería una injusticia. Marcar a Nano por no venir, un error. Espero de un chico fantástico y sin maldad como Nano una explicación. Basta con un “era una oferta de Primera y no quería problemas con el Éibar. Gracias al Tenerife por intentarlo”. Todo lo que sea culpar a la otra parte sería cruel.
Se repite, en definitiva, el camino de Bruno, Ayoze Pérez, Ángel o Cristo González. Que quisieron irse o no quisieron volver. Muy respetable. No seré yo quien los señale, salvo que celebren un gol en contra del equipo de su tierra con saña. Entonces sí. Es más, a todos ellos y a Nano le deseo suerte. Con esa misma buena fe, agradezco que otros (Jorge, Vitolo o Suso) hayan elegido de forma distinta.
P.D. Echo de menos del Tenerife un pronunciamiento más rotundo en este tipo de circunstancias. Una explicación sin la boquita pequeña. Y medidas. El Éibar y los inefables representantes de Nano, los mismos que enredaron la renovación de Omar Perdomo y estiraron diez meses la de Cristo González hasta que lograron llevárselo, merecen una respuesta. Y que sea contundente.