Redacción Deporpress | Después de pitar la final del torneo sub-12 en Arona, nos fuimos a cenar a un restaurante cerca del estadio. Éramos cinco los componentes del equipo arbitral encargado de dirigir los encuentros; todos habíamos sido en un tiempo no muy lejano colegiados de Primera División. Ver de nuevo a mis compañeros vestidos de corto dirigiendo a las futuras estrellas de nuestro deporte, me llenaba de orgullo.
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