Por @josefelipem
El 19 de noviembre de 1991 una de las selecciones más carismáticas de la historia del fútbol, simplemente, dejó de exisitir. El estadio Athlítiki Kentro Zenon de Larnaca, en Chipre, fue testigo de la última ocasión en la que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) se puso por última vez su característica camiseta roja, la que había usado desde la creación de aquel estado, para comenzar a quedar en el recuerdo.
La URSS ya estaba clasificada para la Eurocopa de Suecia de 1992, un torneo muy particular, pues solo ocho países se ganaron el derecho a estar en la misma, con un formato inimaginable hoy en día, donde las televisiones programan cuantos más partidos mejor para poder hacer caja.
Los rumores de desintegración de la URSS no eran ajenos a los futbolistas que, lejos de lo que se pueda pensar, habían emigrado ya a algunas de las mejores ligas del mundo. Solo cinco de los jugadores convocados para aquel partido militaban en conjuntos de la URSS: Dimitri Kharinal CSKA de Moscú, Andrei Chernysov al Dinamo de Moscú, Ajrik Tsveiba al Dinamo de Kiev, Stanislav Cherchesov al Spartak de Moscú y Alenxander Mostovoi, que luego jugaría en el Celta de Vigo, también al Spartak. Todos ellos eran menores de 29 años, algunos, como Andrei Kanchelskis, tenían solo 23, desmitificando aquello que aseguraba que en la URSS solo se dejaba salir al extranjero a aquellos futbolistas que estaban en la recta final de su carrera.
El duelo era muy desigual y la URSS, con la clasificación en su bolsillo, derrotó por un claro 0-3 a Chipre, entre otras cosas porque el técnico de los socialistas, Anatoli Býshovets, alineó a todos sus titulares, excepto al portero Cherchesov. En un estadio muy modesto, y prácticamente, vacío, los goles de Protasov, Yuran y Kanchelskis sirvieron para que la URSS lograra el último triunfo de su historia. Algo absolutamente inimaginable solo cinco años antes de que todo aquello sucediera.
¿Qué pasó luego?
La desmembración de la URSS trajo consecuencias a nivel planetario en todos los ámbitos de la vida, en el deporte no fue menos. Una vez dado por extinto el país, se llegó a un acuerdo para que Rusia y sus antiguas repúblicas compitieron como la Comunidad de Estados Independientes (CEI) Sin escudo, y con la Sinfonía nº 9 de Beethoven como himno, la CEI fue aceptada por todos los estamentos de manera casi inmediata, obviamente por cuestiones políticas, pero sus jugadores no estaban preparados para todo aquello.
Futbolistas como Andrei Kanchelskis, natural de Ucrania, nunca quiso jugar para otra selección que no fuera la rusa, antes CEI, porque siempre manifestó que era la que más le recordaba a la URSS. El bajón fue mucho, tanto que en la Eurocopa del 92 la CEI no ganó un solo partido, empatando con Alemania y Países Bajos y siendo derrotada por Escocia.
La independencia de nuevas repúblicas, la llamada Revolución de los Colores, dejó un panorama sombrío en lo que a fútbol se refiere, sin un referente claro, ya que Rusia y Ucrania, los mayores exponentes del fútbol de la exURSS, nunca llegaron al nivel de aquel equipo amado y odiado a partes iguales.
La ficha.
Chipre: A. Haritou, A. Socratous, K. Konstantinou, P. Pittas, M. Charalambous, N. Larkou, P. Svva, K. Kosta, C. Koliantris (Hadjuloukas, min 76), G. Savvides (Sotiriou, min 46), Y. Ioannou.
URSS: D. Kharin, D. Galyamin, O. Kuznetsov, A. Tsveiba, A. Chernyshov, V. Kulkov, I. Shalimov, O. Mikhaylichenko, A. Kanchelskis, O. Protasov (A. Mostovoi, min 69), I. Kolyvanov (S. Yuran, min 46).
Goles: 0-1, min 26: Protasov. 0-2, min 78: Yuran. 0-3, min 81: Kanchelskis.
Árbitro: Andrew Waddell (Escocia). Mostró tarjeta amarilla a Chernisov y Yuran.
Incidencias: Estadio Athlítiko Kentro Zenon (Larnaca) ante 3.379 espectadores.
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