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El trotamundos de los banquillos

Redacción Deporpress| El mundo del deporte siempre ha sido considerado como una oportunidad para recorrer el mundo. Jugadores y técnicos tienen la posibilidad, en muchos casos, de conocer otros países cuando juegan competiciones internacionales. Los más lanzados, incluso, son capaces de aceptar propuestas para mostrar su talento o sus métodos en proyectos casi impensables.

Sin embargo, pocos son tan aventureros como Richi González Dávila. Este candelariero de adopción y madrileño de nacimiento lleva una década recorriendo los banquillos de medio mundo en lugares tan dispares como Chile, Bolivia, Uruguay, Noruega, Corea del Norte o Islandia, donde reside en la actualidad. Su matrimonio con la jugadora tinerfeña Lidia Mirchandani, una de las históricas componentes del exitoso Cepsa Tenerife se cimentó cuando ella jugaba en el Vinaroz y él formaba parte del cuadro técnico del conjunto castellonense.

Ambos residieron durante algunos años en Barranco Hondo y reconoce que la calidad de vida que existe en Tenerife «es inigualable a cualquier otra parte de España. Es cierto que la isla se echa de menos y que también se extrañan algunas cosas como a los amigos. Pero estamos muy bien a nivel personal, familiar y profesional», indica desde su residencia islandesa de Keflavik.

Explica González Dávila que salir fuera de España no fue un tema de necesidad. «Cuando conocí a Lidia, ella ya había jugado en los mejores equipos de España y también había estado en Suiza, Italia y Rusia cuando casi nadie jugaba allí. Así que salir fuera fue más bien un tema mío. Salvo en ACB y LEB, ya había entrenado en todas las categorías masculinas y femeninas en España. Nos apeteció la aventura de ir a Chile porque era un país al que todo el mundo quería ir hace algunos años. Tuvimos una oferta muy buena y conseguimos muy buenos resultados deportivos. Y, a partir de ahí, hice muy buenos contactos, nos han ido surgiendo ofertas y hemos estado de un lado para el otro«, relata.

«Gracias al baloncesto conozco todo el mundo –sostiene el técnico– así que me siento afortunado porque he podido hacer de mi pasión una profesión. Esto nos ha dado la posibilidad de conocer muchos sitios diferentes y otras culturas y costumbres que nos han enriquecido. En cada sitio en el que hemos estado se ha quedad una parte de nosotros porque dejas amigos y muchas cosas atrás. También me ha servido para trabajar en lugares como Corea del Norte, algo que jamás pensé que podría conseguir. La parte mala es que también hay que hacer sacrificios. El año de Chile, por ejemplo, solo pasé en España los diez días de la Navidad. Hay momentos duros, pero siempre recibes más de lo que dejas», manifiesta agradecido.

La singularidad de Corea del Norte

De todas las experiencias que ha vivido, González Dávila no tiene dudas al señalar que la más enriquecedora de todas fue la que vivió en Corea del Norte «porque es un país inaccesible y tienes que tener una invitación para poder ir ahí. Fue la más atractiva y también la más emocionante. Entrené a las dos selecciones, la masculina y la femenina, casi al mismo tiempo. Y por supuesto que repetiría allí. Lo que ocurre es que nació mi hijo Marcos y no pude volver al campeonato de Asia al año siguiente. Pero cuando mis compromisos actuales concluyan y las necesidades de ellos coincidan, pues volveré allí», indica con entusiasmo.

El entrenador comenta que Corea del Norte es un país «con algunos condicionantes y falta de comunicación. Por ejemplo, no tienes acceso a realizar una videollamada. Es un lugar para estar allí no más de unos meses. Una de las cosas que más me llamaron la atención fue el desconocimiento absoluto que tienen del resto del mundo. No saben nada de lo que pasa en el exterior. Ninguno de los jugadores que entrené no sabía ni quién era Lebron James. Choca mucho eso en pleno año 2020«.

Del mismo modo, también desmiente algunos bulos que circulan sobre la vida en este país. «Por ejemplo pude  hacerme fotos en las estatuas sin ningún problema. Es el único lugar del mundo, de todos los que he estado, en el que no había ni un solo mendigo. Allí son felices porque viven aislados. Tienen las necesidades básicas cubiertas. Todo el mundo come, viste y, aunque nada sea de ellos, son felices porque se conforman con lo que tienen y no saben cómo vive la gente en otras zonas y países«.

La cultura del deporte en Islandia

Richi González Dávila reside en la actualidad en Keflavik, la cuarta ciudad más grande de Islandia. «Lo de este país, a nivel deportivo, tiene un mérito increíble. Son solo 330.00 habitantes y han participado en el último Mundial de fútbol y en el último Europeo de baloncesto, además de seguir siendo una potencia en balonmano. El deporte es parte de sus vidas que consisten, básicamente, en estudiar, trabajar y hacer deporte. Todo está muy bien preparado para la celebración de competiciones indoor, así que tienen una cultura deportiva extraordinaria y físicamente tienen un biotipo muy bueno. Las instalaciones son de primer nivel y la vida es como en cualquier ciudad pequeña de España o Argentina«.

El técnico destaca que la gran diferencia, respecto a nuestro país, «es que hay un gran apoyo hacia el jugador islandés. De hecho hasta hace apenas dos años no podían jugar los comunitarios y solo se podía tener un extranjero por equipo. Por eso, en cuanto a nivel, están en desigualdad con respecto a España. Si pudiesen tener igualdad de condiciones, cualquier equipo de aqui competiría en LEB sin problema. La Liga aquí es buena, con muchos equipos profesionales, y supongo que a la gente le sonará, por ejemplo, Jon Stefansson, que jugó en Valencia hace algunos años,

En cuanto al futuro, manifiesta que aún les queda un año de contrato en Keflavik «y queremos cumplir porque tenemos dos hijos, de 3 y 5 años, y buscamos un poco de estabilidad. Ya llevamos tres años aquí y estamos muy a gusto. La idea es quedarnos también durante todo el verano haciendo un campus y entrenamientos. Lidia está muy feliz aquí porque los países nórdicos son increíbles a nivel de seguridad, sanidad y educación para los pequeños. Ella está entrenando a chicas cadetes y juniors e incluso juega con ellas en los entrenamientos. Con el nivel que tiene, le daría para jugar perfectamente. Pero, por ahora, prefiere centrarse en entrenar.

Otras de las curiosidades es que su hija María, con cuatro años y medio, «habla islandés perfectamente. No es un idioma muy conocido, pero en Tenerife hay muchos islandeses y quizá por ahí pueda tener un futuro en la isla si decide trabajar allí algún día. Es un idioma complicadísimo así que, el que sea capaz de hablarlo, aprende cualquier otro también. Sus mejores amigos son polacos y, por eso, también habla ya un poco de ese idioma, además del inglés».

Por último, González Dávila subraya la excepcional seguridad que hay en Islandia. «Es algo increíble. No hay policía, ni ejército. La gente no roba y puedes estar totalmente tranquilo si dejas a tu hija sola en el polideportivo. Hay unas condiciones muy buenas para la educación. Aquí tener hijos no es un problema y lo habitual es que las parejas tengan tres o cuatro», concluye.