Por @martintravieso
El Tenerife es como ese aspirante a conductor que se sienta por primera vez en el asiento del piloto. Con él a los mandos, el coche va a trompicones. Avanza y, de repente, frena en seco. Así, una y otra vez. Claramente, los blanquiazules llevan la ‘L’ puesta.
Cuando parecen que van a coger impulso y caminar con soltura, tira del freno de mano bruscamente y sus aficionados se dan un golpetazo tremendo con el salpicadero. Así mismo pasó ayer y hoy todos los birrias nos hemos levantado con un enorme totufo, o chichón, en la frente. Nadie esperaba que el mismo error que condenó a los de López Garai ante el Fuenlabrada, fuera a repetirse ante el Oviedo. Los errores individuales están penalizando en exceso al equipo tinerfeño, que, sin embargo, ayer demostró otra carencia mucho más preocupante: no sabe cómo meterle mano a los equipos que le juegan encerrados. Ayer el Tenerife abusó de la posesión de la pelota (llegó al 70%), pero no fue capaz de originar peligro. López Garai tendrá q darle una vuelta de tuerca a su propuesta en casa, porque rivales como el Oviedo de ayer, pasarán muchos por el Heliodoro. Habrá que buscar una alternativa para cuando la lata está cerrada de manera hermética y el abrelatas no funciona. En esas ocasiones, la calidad individual es la salida más eficiente. Pero mientras el míster busca soluciones en el laboratorio, el Tenerife nos da una de cal y otra de arena. Menos mal que el sábado hay de nuevo partido.