Redacción Deporpress | 30 de noviembre de 2019. 271 días han pasado desde que Sesé Rivero apostara por quienes mejor conoce en el banquillo del Heliodoro, como interino provisional del CD Tenerife, una vez destituido López Garai. Al responsable del área de fútbol base blanquiazul no le tembló el pulso para tirar del talento de la base con Jorge Padilla. Un desconocido para la gran mayoría se estrenaba con el primer equipo en un momento difícil deportivo ante la UD Almería. Fue su carta de presentación una semana después de que fuera convocado para la cita en El Molinón, donde esperó sin éxito en el banquillo.
Desde entonces, el joven ariete majorero de la generación del 99 camina con paso firme, sin fisuras. Con paciencia, pero con buena pinta. Porque el futbolista natural de Gran Tarajal no debutó para volver a los filiales, sino con intención de quedarse. Y a través de su martillo pilón, lo está consiguiendo.
Renovado hasta 2025 por Juan Carlos Cordero, Padilla llegó a quitarle minutos a pesos pesados como Naranjo o Malbasic. Su gol en Copa contra el CD Mensajero y en enero ante el Albacete, esta vez en el tempo blanquiazul, dieron muestras de que bien llevado por la senda, es un jugador de futuro en clave blanquiazul. Sin embargo, la llegada de Joselu Moreno o la recuperación de Miérez lo revelaron por parte de Rubén Baraja a un papel testimonial en la vuelta del confinamiento -110 minutos acumulados-.
Pero en la era Fran Fernández, Jorge ha empezado con mucha hambre pese a su corta edad, demostrando que tiene madera para asentarse en el primer equipo. Por lo pronto, su segunda parte en Pinatar Arena se describía con una cabalgada desde el centro del campo que terminaba con una definición perfecta, tirando de sangre fría al palo corto ante un internacional como Asenjo. Además, en la jugada del tercer gol, se convierte en el detonante con su buena presión para que Jacobo acabe anticipándose a Pau Torres y convirtiendo el tercero. Todo ello, complementado con su trabajo invisible.
Despacio, pero con buena letra, Jorge Padilla no renuncia a nada, con el sacrificio y la humildad como recetas. Producto de la factoría majorera, está dispuesto a escribir una página en la historia blanquiazul junto a otros paisanos como Héctor Sánchez, Abel Suárez o su actual compañero de vestuario: Alberto Jiménez. Solo el tiempo dirá dónde está su techo.