Por @MaverickGold
Cuatro jornadas han bastado para devorar a otro entrenador. Agné todavía no ha caído pero ya ha sido juzgado y condenado. ¿Paciencia? En la isla futbolística no sabemos lo que es eso. ¿Proyectos? El gobierno del representativo blanquiazul no entiende ese idioma de la estabilidad ¿Pedimos la cabeza de un entrenador?, nos la dan y que pase el siguiente.
Sin más, y sin contar con que antes de Agné, Cervera era el adecuado, como lo fue en su momento Oltra, o Amaral, o Krauss. Ahora que el entrenador aragonés parece perdido y ha cometido algunos errores groseros en el planteamiento de los partidos más recientes, se pide su cabeza.
Porque hay otro más guapo, más listo y más preparado que será el nuevo Mesías del banquillo del Tenerife, llámese Setién o cualquiera que nos enganche más que el prepotente que no tiene ni idea y que debe ser fumigado de inmediato. Sinceramente este suceder de acontecimientos no es nada nuevo en el Tenerife. Un club donde hace tiempo que las curvas se cogen con los ojos cerrados y se conduce por el carril de la izquierda cuando no corresponde.
Por eso, la encrucijada de Miguel Concepción debe ser importante. Voces que le dicen que reaccione sin que le tiemble el pulso y se meriende otro técnico, y otras que le aconsejan que sea prudente y espere un poco, que esto lo puede enderezar el hombre al que le gusta la agricultura y que fue llamado hace no tanto para que cogiera el relevo de otro inepto, que no tenía ni puta idea de fútbol ofensivo.
Porque al final la decisión la tomará él -Concepción- que para eso es el jefe, aunque a su lado tenga asesores que tienen más peso en la toma de decisiones que la que tiene Soraya con Mariano en Moncloa. Otra crisis más y no encuentro a adivinar cómo se vuelve a desmoronar lo que hace 30 días se presumía como un año ilusionante.
Sea como sea y por las causas que sean, la realidad es que Raúl Agné hereda la voracidad de un entorno que ya no aguanta más, y en el que las facciones cada vez están más acentuadas. Nada nuevo. Por el bien del equipo que se gane ya en Palamós el sábado que eso es lo importante, porque además ya hay quién no disimula que perder no sería tan nocivo si con eso se fulmina a Raúl Agné, convertido en el nuevo demonio del tinerfeñismo y cuyo sacrifico es necesario por el bien de la entidad. Pues vale.